Es hoy un lugar común el decir que el socialismo real o socialismo soviético, mal llamado comunismo, fracasó como experiencia histórica. Las razones abundan y son incuestionables: una economía crecientemente improductiva y burocratizada, una hipertrofia del Estado que se volvió onerosa para la sociedad, crecimiento de una casta burocrática privilegiada («la nomenclatura») y cada vez más alejada del pueblo, un régimen autoritario que en momentos recurrió al terror, establecimiento de una religión laica y de Estado. Porque en eso se convirtió el marxismo-leninismo hecho ideología oficial. No fue el socialismo soviético una sociedad fácil o agradable de vivir. El fracaso del socialismo real se evidenció con lo que aconteció con la predicción de 1960 hecha por el premier soviético Nikita Jruschov: en 1980 la URSS rebasaría a los Estados Unidos de América en su crecimiento del PIB y las condiciones estarían listas para pasar del socialismo al comunismo. En lugar de ello, en 1980 el crecimiento del PIB en la Unión Soviética estaba en el 0% y el sistema soviético entraba en la fase de su crisis terminal hecha evidente en los desesperados intentos de la Perestroika por salvar a lo que ya se calificaba como gigante moribundo.
El derrumbe del muro en 1989 y el derrumbe del sistema socialista que le siguió, hicieron del neoliberalismo la ideología campantemente victoriosa hasta el día de hoy. ¿Quién desde la izquierda defiende como ideal de sociedad al socialismo realmente existente del siglo XX?
Por ello me han resultado verdaderamente asombrosos los resultados de una encuesta hecha en este año de 2010 por el Instituto Para la Investigación de los Crímenes del Comunismo y el Exilio Rumano (IICMER). Como su nombre lo indica, esta institución en Rumania, que tiene financiamiento público, es insospechable de simpatías por el comunismo o el socialismo tal como existió en los países del Este europeo. Fue creada con el fin de educar a la población sobre los males del comunismo. Para angustia del IICMER, su encuesta de este año revela que más del 60% de los encuestados tenían una visión favorable con respecto al comunismo. Más aún, esta opinión favorable ha crecido pues en 2006 tal porcentaje ascendía al 53%. Las razones dadas para tal opinión fueron que en la época de Nicolae Ceausescu había disponibilidad de puestos de trabajo, condiciones de vida dignas y vivienda universalmente garantizada. Resulta curioso que mientras esto se opinaba, el 41-42% de los encuestados decían que el régimen socialista era criminal o ilegítimo contra 37 y 31% que opinaban lo contrario. Paradójicamente solamente el 15% de los encuestados dijeron que Ceausescu era un mal líder. La conclusión que puede sacarse de estos resultados es que teniendo conciencia de los males del socialismo real, casi dos terceras partes de los rumanos consideran que la vida en el capitalismo ha sido peor que durante los años del dominio del partido comunista.
¿Es esto una suerte de masoquismo rumano? Al parecer no. El centro de investigación estadounidense PEW ha hecho encuestas similares en los distintos países que antaño vivieron bajo regímenes del socialismo real y los resultados han sido similares. Según las encuestas en Rusia el 45% de los rusos consideran al capitalismo como un sistema peor que el socialismo real. En Polonia opinan lo mismo el 35% de los encuestados, en la República Checa el 39%, en Eslovaquia el 42%, en Lituania el 42%, en Bulgaria el 62%, en Ucrania el 62%, y en Hungría el 72%.
Pensándolo bien no debería estar yo tan sorprendido de estos resultados. El derrumbe soviético no fue sucedido por una sociedad como la que proponía el padre de la Perestroika, Mijail Gorbachov. El proyecto que triunfó fue el de Boris Yeltsin: sustituir al socialismo soviético por el capitalismo salvaje, esto es el neoliberalismo. Esto provocó que poco tiempo después de asumir el modelo neoliberal en Rusia el 80% de las granjas y explotaciones agrícolas y 70 mil fábricas fueran quebradas. Si en 1989 había 2 millones de pobres en 1996 tal cifra había ascendido asombrosamente a 74 millones y el 25% de los rusos vivían en una situación de pobreza desesperada. Había 3.5 millones de niños sin hogar. Entre 1994 y 2004 el número de drogadictos ascendió en un 900% (4 millones). Entre 1984 y 1994 la tasa de suicidios ascendió al doble y los crímenes violentos se multiplicaron por 4. Todo esto sucedía mientras Yeltsin se emborrachaba cotidianamente en el Kremlin.
El socialismo real o soviético no fue un sistema bueno. Pero al parecer entre una y dos terceras partes de las poblaciones que lo padecieron, consideran que el capitalismo neoliberal es peor.