Es común y corriente abrigar los mejores deseos y esperanzas porque el Año Nuevo traiga bienestar y cosas positivas. Pero a las primeras de cambio el castillo de naipes se viene abajo. Los mismos hechos calcados en la violencia prosiguen, asesinatos de pilotos, féminas y niños sacuden nuestras interioridades con potencia.
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Resulta por lo tanto que empezó con el pie izquierdo. Vuelven al escenario patético los linchamientos en el interior, ante la imperante impunidad judicial. Debido también a la no aplicación correcta generada por los operadores de justicia a cualquier instancia. Espejo de cuerpo entero refleja el panorama desconsolador.
El clima de inseguridad persiste y arrolla con sus garras temibles. Papel temible desempeñan las extorsiones dondequiera, cosa que huyó de las manos de la autoridad competente, o no. De igual sobresalto toman cuerpo envolvente los secuestros, además de su cauda terrible, capaz de derribar la autoestima de inmediato por completo.
Un recuento de entrada, empero verdadero y realista conforma el indicador tétrico en extremo: De consiguiente desploma hasta el más leve espíritu esperanzador, en el sentido que los obligados por mandato de ley apuesten al cese de tal fantasma. Hasta el momento brilla por su ausencia la oportunidad de siquiera un alivio.
Los cambios de funcionamiento del ramo específico, asunto al que los resultados andan fuera del alcance, ponen los nervios de punta y colocan en el filo de la navaja a la población: Efectuados en los albores de 2009, en tanto les concedemos el beneficio de la duda, puesto que la violencia donde quiera toca fondo.
A pesar de la baja ostensible del petróleo, motivo y deleznable pretexto argumentado para las alzas colectivas, sobre todo atinente a la canasta básica, no muestra jamás en los precios alguna señal beneficiosa. Todo continúa en ascenso ostensible, en menoscabo de las frágiles economías. Son al final, tortas y pan pintado.
Profundo malestar surge pronto, a modo de reacción e los segmentos sociales. Siguen en sus trece los cierres de empresas y negocios en general. Y como si eso fuese poco, también hacen cola interminable los retiros de persona que afecta muchísimo la situación de suyo precaria de los hogares de connacionales.
Por eso mismo el nuevo Año distó en gran medida de traer en su bagaje, la ansiada felicidad y prosperidad a los guatemaltecos. Aunque la publicidad gubernamental y el mercado aparejado nos pinten pájaros de siete colores. Sus permanentes y continuos mensajes de cara al bombardeo tratan de alimentar entusiasmo y credibilidad.
No obstante las medidas de emergencia adoptadas de motu proprio, con miras a gastar solamente lo más indispensable, el consumismo aberrante gana la partida. Todo indica de esa suerte la vigencia de un constante visible. Abundan los centros comerciales, a modo de gancho al consumidor, en medio tangible de la pobreza y extrema pobreza.
Imposible entonces viene a ser la negación que el inicio del Año Nuevo empezó con el pie izquierdo, a no dudar, digan lo que digan. El regreso a clases pone a palitos y en cintura a padres de familia. Esos listados de útiles escolares dan pánico con sobrada razón. Es algo digno de Ripley la inversión obligada.
Los casos anteriores constituyen una evidencia cómo van a lograr una vida de calidad los connacionales. Cada día quedan sorprendidos por casos y cosas responsables de sembrar desconfianza, pérdida de esperanzas en el cotidiano acontecer, de tinte oscuro y demoledor.