Año de profundización de revolución socialista de Chávez termina con frenazo


Hugo Chávez (D), presidente de Venezuela, junto a la gloria de las letras universales, el uruguayo Mario Benedetti. El proyecto socialista de Chávez no logró concretarse este año, debido a que no obtuvo la victoria en el referendo.

El presidente Hugo Chávez comenzó su noveno año en el poder con la legitimidad de su reelección en diciembre de 2006, decidido a acelerar la revolución socialista en Venezuela, pero su empeño fue frenado en el referendo sobre una reforma constitucional que le otorgaba nuevos poderes.


Reelecto hace un año con 7,2 millones de sufragios (63%), Chávez perdió por primera vez una elección el 2 de diciembre cuando su reforma fue rechazada por 50,7% de los electores y su votación se derrumbó a 4,3 millones.

Un año atrás, un Chávez victorioso juraba para un nuevo mandato 2007-13, con la promesa de construir el socialismo, realizar una profunda reforma a la Constitución que incluí­a la reelección presidencial continua cada siete años.

En la toma de posesión el 10 de enero, Chávez pregonó los cinco nuevos «motores» de su revolución: una ley habilitante para legislar por decreto; una educación ideológica de «moral y luces»; una nueva geometrí­a del poder con ciudades y regiones federales; un nuevo Poder Popular, a partir de los consejos comunales; y una radical reforma constitucional socialista.

«Aquí­ llegó la hora del fin de los privilegios, del fin de las desigualdades ¡Nada ni nadie va a detener el carro de la revolución socialista en Venezuela!», exclamó vigoroso.

El mandatario defendió las reformas con el argumento de que en la actual Constitución aprobada en 1999 por iniciativa de él «quedaron infiltrados muchos gazapos del viejo orden».

Pero la reelección presidencial dominó el debate: «Si la reelección fuese rechazada por la mayorí­a del pueblo serí­a yo el primero en aplaudirlo», juró y dijo que aspiraba a un nuevo mandato después de 2013, cuando cumpla 14 años en el poder.

La aplanadora chavista avanzó el 31 de enero el Congreso cuando otorgó a Chávez por unanimidad «poderes especiales» para legislar por decreto durante 18 meses, el más prolongado para ese tipo de ley en la historia de Venezuela.

Empuñando esa ley, Chávez emprendió nacionalizaciones en la industria eléctrica y las telecomunicaciones.

Y en la industria petrolera, corazón de la economí­a que aporta el 90% de las exportaciones, decretó que el Estado controle 60% de los activos de las empresas mixtas con las multinacionales.

En la escena internacional, Chávez aclaró durante todo el año las dudas sobre la salud de su aliado y amigo cubano Fidel Castro.

La diplomacia venezolana atraerí­a otra vez los reflectores cuando una mediación para un canje humanitario de rehenes de rebeldes por guerrilleros presos en Colombia que habí­a desatado esperanzas terminó en una amarga disputa con su colega Alvaro Uribe.

A la vez, Chávez protagonizaba un altercado con el rey Juan Carlos de España en la cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile.

El Banco del Sur, un sueño de Chávez, se firmarí­a en Buenos Aires, pero en el camino de 2007 quedaba «congelado» el Gran Gasoducto del Sur.

En el plano interno, algunos sondeos indicaban que el proyecto del socialismo bolivariano del siglo XXI carecí­a del respaldo de la mayorí­a.

Un estudio de la encuestadora privada Hinterlaces indicó en marzo que 45% de los venezolanos rechazaba establecer el socialismo en el paí­s y que un 22% aún «no sabe o no responde».

En cambio, un 33% que aceptaba la propuesta, asociaba la idea de «socialismo» con programas sociales llamadas «misiones» y la solidaridad que le han dado popularidad al mandatario.

Esos indicios de rechazo se reflejaron en el súbito surgimiento del movimiento estudiantil que emergió para sorpresa de todos cuando Chávez decidió no renovar la concesión en mayo al canal opositor RCTV.

Siete meses más tarde, la célebre maquinaria roja fue incapaz de movilizar a los pobres: «Tienen una deuda conmigo (…) se perdió en Caracas, se perdió en los barrios, millones que no fueron a votar», recriminó Chávez.

En la otra cara de la moneda, el mismo movimiento estudiantil de jóvenes universitarios dio el campanazo al sacar de las cavilaciones a una fragmentada oposición y lanzar la campaña contra la abstención y la triunfal votación por el No.

Chávez reveló que dio una salida polí­tica al reñido referendo optando por una «buena derrota» antes que por una victoria «catastrófica», y calificó al triunfo del No como una «victoria de mierda».

Sin transigir, anunció que no cesará en buscar por otras ví­as los cambios contemplados en la reforma rechazada, sea por sus poderes especiales para legislar, enmiendas a la Constitución, o una iniciativa popular.

Ese debate dominará la vida pública venezolana de 2008.

«Aquí­ llegó la hora del fin de los privilegios, del fin de las desigualdades. ¡Nada ni nadie va a detener el carro de la revolución socialista en Venezuela!»

Hugo Chávez

al exponer su proyecto socialista