Este mes de octubre enlaza un conjunto de recuerdos; emociones encontradas y añoranzas al estilo de las coplas de Jorge Manrique al decir: Cuan presto se va el placer, y cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor.
Octubre enlaza tres hechos trascendentales en mi vida, ese mes cuando los vientos tras el enfriamiento de los mares del norte soplan en nuestra Guatemala hacen volar los barriletes el Día de Difuntos. Dos de los tres hechos tienen gran similitud, la celebración del fin de la escuela secundaria y el final de la carrera de medicina. El tercero, el que no tiene nada que ver con los anteriores es el aniversario de la partida de nuestra Fernanda el 27 de octubre del 2005, mañana hará dos años. Tras su partida nada volverá a ser como era, pero lo bueno que nos dejó además de sus dos hijos fue su ejemplo de inmenso valor, por ella recordamos lo dicho por el Papa Juan XXIII en su lecho de muerte: «Fuimos hechos en el cielo, estamos aquí un tiempo y luego seguimos nuestro viaje».
Vine del occidente del país después que la familia emigró hacia allá por varios años, regresamos en 1949 y me recibió el Colegio de Infantes, así se llamaba entonces. Los hermanos Maristas se encargaron como decía mi abuela de «desasnarme un poco», aunque todavía quedó mucho pendiente por hacer. Pasé la Escuela Primaria como un trashumante, con clases particulares además de la Escuela Nacional Pública, una experiencia inolvidable. Mi maestro en Quiché no pudo enseñarme a entender las matemáticas pero si me enseñó a cazar patos, pero luego me tocó sufrir lo relativo al mal uso de los números.
La experiencia de la Escuela Secundaria también fue muy gratificante, era otra Guatemala, fueron los años de los Gobiernos de Arévalo y Arbenz y el clima previo a la Liberación, la época de los minutos de silencio de don Manuel Cobos Batres, de los crímenes de los hermanos Miculax y el del Torreón. Fueron los años dorados del Cine Reforma, del Sexteo y los «Beneficios Navideños» en donde por unos centavos se veían películas todo el día desde una serie con sus catorce episodios hasta el idilio de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casa Blanca.
En esa Guatemala la pobreza no se echaba de ver tanto, la entrada al mejor cine costaba 50 centavos, en la galería numerada del Lux pagábamos 20. Las mixtas del Frankfurt eran de diez centavos y las gaseosas un poco menos, las camionetas urbanas cobraban cinco. Los presidentes y los políticos también se enriquecían y había corrupción, pero no el saqueo de la actualidad.
En Estados Unidos el presidente era Eisenhower, un hombre calvo y sonriente que a veces también enarbolaba el garrote, había guerra en Corea y Stalin todavía vivía tras haber sembrado el terror en Rusia por casi 30 años. En Guatemala se daban pocos robos, una vez dejé mi bicicleta en la calle tras huir de la policía en una manifestación pública y ahí estaba al día siguiente.
Volviendo al tema hubo algo en esos años de formación con los hermanos Maristas que quedó para toda la vida, algo intangible, a veces difícil de calificar, en todo caso maravilloso. Creo que es la certeza que la vida va más allá de lo presente, que tiene un porqué fijado por una voluntad superior y que existe el bien y el mal. Que la lucha está en buscar el bien y huir del mal, veo las vidas de los que conmigo transitaron en la escuela y sólo encuentro esa lucha por ser buenos hombres y ellos lo han logrado.
De esos casi 40 que terminamos la secundaria algunos me regalaron su amistad para toda la vida y han sido mis compañeros y amigos en las buenas y en las malas, dentro de ellos hubo médicos, ingenieros, abogados, licenciados de diferentes disciplinas, pero por sobre todo buenos hombres, Guatemala y nuestra gente con ellos ganó.
Este lunes 29 celebraremos 54 años de haber conseguido formalmente un diploma que según nosotros era un gran triunfo, luego descubrimos que los triunfos no están detrás de poseer un papel si no en algo más profundo que se lleva por dentro y que durante la vida se va a poner a prueba.
Este lunes próximo tendré la alegría de abrazar a muchísimos queridos amigos, otros, más de cinco y menos de diez ya se nos adelantaron, todos igualmente son parte de una vida.