Animal del monte


Con este nombre se bautizó el IV Festival Internacional de Poesí­a que concluye mañana en la bella Xela (con Luna o sin), y que fue dedicado al poeta Luis Alfredo Arango. Un esfuerzo impresionante en cuanto a convocatoria de poetas nacionales y extranjeros, de público y de logí­stica. Una verdadera muestra de fe en las letras, la palabra y la gente, una experiencia magní­fica para conocer a gente sorprendente y valiosa.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Para empezar no puedo dejar de mencionar a Marvin Garcí­a y Julio Serrano, y acá voy a pecar al omitir gente, pero mi memoria padece los efectos de las noches de parranda, ellos convocadores, soñadores y ahora que los conozco sé, grandes seres humanos.

Allá, de entre tanta gente, me sorprendió el trabajo del Grupo Armadillo y sus almohadas rojas que invitaban al sueño, un sueño delicioso cargado de versos, un performance precioso que le dio color al parque la mañana del domingo pasado.

Del camino, Luis Alejos, poeta guatemalteco, joven y certero con el uso y desuso de la palabra, solidario, refrescante y amigo. Ernesto Carrión, poeta ecuatoriano, matador, un personaje único, explosivo, sarcástico, POETA, bebedor sensible, mis respetos.

De lo que me perdí­, autores de otras tierras comprometidos con la literatura, autores chapines, el nuevo movimiento poético, aunque muchos nieguen que existe, acuciosos, directos, sin tapujos, generadores de cambio.

De la ciudad altense, acogedora, marco perfecto para el arte y otras cosas, aires distintos, largo camino y shecas con chocolate y pizza de anchoas.

De acá, mi querida Rosa Chavéz, siempre emprendedora armando escenarios y compartiendo oportunidades.

En conclusión: fue una fiesta, que se vive aún allá, que se vivió acá en la capital, en Antigua, en San Marcos, Totonicapán y Coatepeque y que deberí­a de apuntarse en el calendario, para que este derecho tan negado, que es la cultura, se viva y se goce, y en este caso, a la salud del caldo de frutas. No cabe duda de que en medio de las tristezas y esos temblores que sufre el alma, siempre estas cosas alegran, repellan y dan esperanza.