Anecdotario del Dí­a de la Madre


Aunque algunos consideran cursi la celebración del Dí­a de la Madre, yo quiero contribuir a esa exaltación, pero en forma tierna y festiva, gracias a la colaboración del politólogo Renhé Leyba, quien volvió a extraviar su petate donde caer muerto.

Eduardo Villatoro

Q. La primera historia se refiere al hijo favorito, dicho en palabras de una madre: El hijo favorito es aquél a quien me dedico en cuerpo y alma. Es mi hijo enfermo, hasta que sane; el que partió, hasta que regrese; el que está agotado, hasta que descanse; el que tiene hambre, hasta que se alimente; el que tiene sed, hasta que beba.

Es mi hijo favorito ?precisa- el que está estudiando, hasta que aprende; el que está desnudo, hasta que se vista; el que no trabaja, hasta que se emplee, el que se enamore, hasta que se case.

Es mi hijo favorito -prosigue la madre- el que prometió, hasta que cumpla; el que se endeudó, hasta que pague; el que llora, hasta que se consuele; el que me deja, hasta que lo reencuentre.

Q- Un niño mira a su abuela -mamá de su madre- escribir una carta, y le preguntó: -Abuelita ¿estás escribiendo una historia sobre algo que nos pasó a los dos, o una historia sobre mí­ mamá? La abuela dejó de escribir, sonrió y le dijo: -No; estoy escribiendo sobre ti; pero, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustarí­a que tú fueses como él cuando crezcas.

El nieto miró el lápiz y no vio nada de particular en él, por lo que preguntó: -¿Qué tiene de especial ese lápiz? La abuela le respondió: -Hay en el lápiz cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.

Luego, le explicó. -La primera cualidad consiste en que puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guí­a tus pasos. Esta mano se llama Dios, y í‰l siempre te conducirá en dirección a su voluntad. La segunda cualidad es que de vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.

En seguida ?continuó la abuela- la tercera cualidad, no es otra cosa más que el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

La cuarta cualidad radica en que lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior; y, finalmente, la quinta cualidad estriba en que el lápiz siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos, Por eso intenta ser consciente de cada acción.

Q- Una anciana señora que, además de madre es abuela y bisabuela llega a un restaurante acompañada de su marido. El señor, mayor de 90 años, como su esposa, la atiende con esmero: Ven, mi vida. Siéntate, mi cielo. ¿Estás a gusto, cariño? ¿Quieres ordenar, muñeca?

Impresionado, el mesero observaba la escena. Cuando la ancianita se levanta y se dirige al baño. El mozo le pregunta al ancianito: -Perdone la indiscreción ¿cuántos años tienen ustedes de casados? -Estamos celebrando nuestro 60 aniversario de matrimonio, responde. ¡Caramba, señor! ?exclama el mesero- Estoy conmovido. Sesenta años de casado, y con cuánto amor le habla usted a su esposa: «mi cielo, mi vida, mi reina, mi ángel».

El viejito le pide al hombre que se acerque y con suave voz repone: -Es que ya no me acuerdo cómo se llama.

Q- Tres hijos dejaron su hogar y prosperaron. Cuando se reencuentran platican respecto a los regalos que le habí­an dado a su madre, que vive en un pueblo. Uno de ellos dice: – Le construí­ una enorme casa. El segundo comenta: -Le mandé un Mercedes con chofer.

El tercer hermano se ufana: Como a ella le gusta leer la Biblia, le compré un loro que puede recitar todos los versí­culos. Mamá sólo tiene que nombrar el capí­tulo y el loro lo recita.

Poco después la madre les enví­a cartas de agradecimiento a sus hijos. Al primero le dice: -Tus intenciones eran buenas, pero la casa es muy grande. Yo vivo en un solo cuarto, y tengo que mantener aseada toda la casa. Al segundo le indica: Te agradezco el regalo, pero yo ya estoy muy vieja como estar viajando. El chofer se aburre y el carro permanece en el garaje.

Y al tercer hijo le escribe: Mi amado muchacho, te cuento que el único de mis tres hijos que tuvo sentido común de saber lo que le gusta a tu madre sos vos. El pollo estuvo delicioso; aunque la carne, un poco dura.