Fungir como representante de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala no es cosa fácil, puesto que pocos valores se encuentran tan trastocados en nuestro medio como lo que tiene que ver con la protección de los derechos humanos, al punto de que para buena parte de la población, eso significa proteger a delincuentes y gente de mal vivir en demérito de la gente honrada y trabajadora, tal el lastre que nos dejó la guerra interna.
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Y en pocas materias hay tanto que hacer en Guatemala como en la promoción de los derechos humanos dentro de un esfuerzo por rescatar la idoneidad del concepto. Anders Kompass volvió a Guatemala con esa misión y visión, dispuesto a contribuir en un país que ya conocía y por el que guardaba gran cariño. He tenido la suerte de ser amigo de Anders y de atestiguar parte de sus luchas, de sus esfuerzos, también de sus no pocas frustraciones y creo que se trata de uno de esos extranjeros que vienen con la enorme disposición de aportar toda su capacidad y empeño para ofrecerle algo a nuestro país.
Muchas veces platicamos con Anders sobre los problemas de nuestra sociedad, las dificultades que entraña promover los derechos humanos en el marco de una sociedad que se caracteriza por la más campante y absoluta impunidad. Kompass fue uno de los que pensaron que hacía falta un acompañamiento internacional para romper estructuras viciadas de poder que no se podían autodepurar porque eran tan fuertes y profundas que siempre se estarían protegiendo mutuamente a fin de preservar los privilegios adquiridos cabalmente durante los años del conflicto, cuando se diseñaron estructuras nacionales con la idea de que tenían que asegurar inmunidad a los agentes del Estado que libraban la guerra contra los rebeldes.
Esa inmunidad se transformó en absoluta impunidad y ahora la vemos en su máxima expresión cuando la Comisión Internacional patrocinada por Naciones Unidas trata de atacar a los grupos paralelos que han obstaculizado la justicia y se produce una reacción virulenta para atacar la investigación realizada.
Anders Kompass, como cualquier experto en derechos humanos que haga alguna labor en Guatemala, sufrió los efectos de la incomprensión de una sociedad a la que le enseñaron que hablar de derechos humanos es hacerlo de la protección de criminales y delincuentes. Su tarea por ello era mucho más difícil pero ha sido de tal manera satisfactoria y productiva, que se retira de la misión en nuestro país antes de lo que tenía previsto porque asciende en la estructura de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU y esa es la razón por la cual se pone fin a un trabajo que abrazó no sólo con capacidad técnica, sino que de manera muy especial, con una dedicación que sólo puede encontrarse en quien se apasiona por creer fervientemente en lo que hace.
Como amigo de Anders lamento su partida de Guatemala porque queda mucho por hacer y sé que no es fácil que venga alguien con el mismo cariño por nuestra patria. Pero me alegro por él, porque gracias a su experiencia aquí y en otros destinos previos, escala varios peldaños en su carrera y ha de asumir responsabilidades desde las que no sólo podrá seguir apoyando a Guatemala, sino que lo hará con muchos otros países. Con el tiempo, los guatemaltecos valoraremos en su justa dimensión sus grandes aportes.