Anarquí­a, terreno óptimo para candidatos militares


El pasado jueves intenté plantear ciertos paralelismos entre el desarrollo de las recientes elecciones presidenciales en México, con las campañas de proselitismo electoral que se están realizando en Guatemala, fundamentalmente en lo que atañe las candidaturas mexicanas de Andrés Manuel López Obrador, postulado por el izquierdista Partido de la Revolución Democrática, y el conservador Felipe Calderón, del oficialista Partido de Acción Nacional, y a las aspiraciones presidenciales del abanderado de la UNE, ílvaro Colom, y el postulado por el Partido Patriota, general Otto Pérez Molina.

Eduardo Villatoro

No repetiré las similitudes que desde mi perspectiva observo en los procesos electorales de López Obrador / ílvaro Colom, y del actual presidente mexicano Calderón / Pérez Molina; pero sí­ reitero que conforme evolucionan las simpatí­as hacia los dos punteros de las encuestas, no serí­a extraño que el candidato del Partido Patriota termine por ser el triunfador, pese al notorio favoritismo inicial que disfrutaba el abanderado de la UNE, como le aconteció al ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal mexicano.

Lo que me llama la atención en esta oportunidad es un somero análisis que en torno a las elecciones presidenciales guatemaltecas publicó en La Opinión digital, de la ciudad californiana de Los íngeles, el periodista Luis ílvarez, cuyo comentario comienza con esta sentencia: «No hay terreno más fértil para esos militares de viejo cuño y voraz apetito por el poder que la anarquí­a. Es la escalera que ahora les permite catapulcarse con destreza asombrosa por los laberintos de la polí­tica y apostar por arraigarse en la estructura del gobierno».

Al respecto, asevera que Guatemala se sabe al dedillo ese libreto y trae a colación al general Efraí­n Rí­os Montt, a quien considera como jefe de un gobierno durante el cual se cometieron las peores atrocidades de la guerra interna, y después fue candidato presidencial.

Agrega ílvarez que en el presente proceso electoral «de nueva cuenta, otro militar retirado, Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, se acerca sigilosamente a las puertas del poder con el mismo estribillo de su colega: mano dura contra el crimen organizado».

Coincide en mi apreciación en el sentido de que el candidato del PP está mostrando un fuerte repunte en las encuestas y aunque aún está a una distancia relativamente considerable del candidato ílvaro Colom, de la UNE, «la diferencia se está acortando dramáticamente cuando apenas restan apenas tres semanas para que el pueblo decida en las urnas».

Aquí­ debo hacer un paréntesis, en cuanto a que no es estrictamente el pueblo de Guatemala el que decidirá, sino que solamente votará, porque la oligarquí­a fue la que eligió a sus candidatos presidenciales, aunque por alguno de ellos los ciudadanos de las clases populares deberán optar.

Respecto del rigor contra el crimen, indica el analista que en una nación donde los narcotraficantes, la delincuencia común, los corruptos y «especies similares hacen de las suyas, suena ni más ni menos que a melodí­a en los oí­dos de una población ávida de paz, de esa paz que no llegó cuando militares y guerrilleros pusieron fin a décadas de guerra».

Correcto. Disculpen la insistencia, pero justamente a eso me referí­a el jueves anterior, respecto a que el general Pérez Molina, con astucia y hábil oportunismo polí­tico se ha aprovechado de la desesperación y el temor de los guatemaltecos, especialmente de las clases media y popular, ante la incontrolable ola de violencia criminal.

Pero Luis ílvarez va más lejos al señalar que la «violencia rampante, que sólo durante el proceso electoral ha cobrado ya medio centenar de ví­ctimas, se convierte así­ en el mejor estratega de campaña de un sector, para el cual la panacea a todos los males es reprimir, reprimir y reprimir».

Sin embargo, el analista recuerda que esa misma estrategia electoral fue la que utilizó el actual presidente salvadoreño Antonio Saca, cuando era candidato, y ya en el poder estableció su Plan Mano Dura, que más tarde potencializó con el Plan de Mano Superdura?y ahí­ sigue El Salvador ostentando el farolito rojo que la convierte en la nación más violenta del continente.

ílvarez indica que serí­a más fácil para el general Pérez echar un vistazo al Sur de Guatemala, fijándose en lo que está pasando en El Salvador, y entender que la estrategia de la represión por la represión sólo trae como resultado más represión, para terminar en un baño de sangre.

(El activista Romualdo le comenta a uno de los dos presidenciables punteros en las encuestas: Aprendé esta máxima de Platón «Del plato a la boca se cae la sopa»).