El director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, parece decidido a lograr un acuerdo para la liberalización del comercio mundial durante estas Navidades, pero algunos analistas dudan de que éste sea el mejor regalo para una economía global en crisis.
Los líderes mundiales pidieron a mediados de noviembre en Washington una conclusión rápida de la Ronda de Doha después de siete años de divergencias, pero incluso las estimaciones más optimistas sobre los beneficios económicos de un acuerdo se ven empequeñecidas comparadas con los centenares de miles de millones de dólares consagrados al rescate del sistema financiero.
«Nadie cree que un acuerdo sobre Doha pueda arreglar la crisis financiera», señala Carin Smaller, una especialista de la OMC del Instituto para la Agricultura y la Política Comercial de Ginebra.
La razón de ser de la Ronda de Doha es entre otras cosas reducir la intervención pública en los mercados, cuando «en estos momentos se está dando la tendencia inversa: todo el mundo, particularmente el sector empresarial, está pidiendo a los gobiernos que intervengan», declara a la AFP.
Lamy estimó que los beneficios de un acuerdo para la liberalización del comercio mundial serían del orden de 100.000 millones de dólares anuales, una suma insignificante comparada con los 700.000 millones de dólares que el gobierno de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa únicamente para el sistema financiero.
Wise cita por su parte varios estudios del Banco Mundial y otras instituciones que revelan que el mundo en desarrollo sólo obtendrá, con un acuerdo en la OMC, beneficios equivalentes a 16.000 millones de dólares.
«Las proyecciones económicas indican que las ganancias de la Ronda de Doha serán muy limitadas», afirma.
Aún así, la crisis económica mundial ha metido prisa a los líderes mundiales que esperan cerrar cuanto antes la Ronda de Doha, lanzada en noviembre de 2001 y programada inicialmente para finalizarse en 2004.
Ven obstáculos
Pero los analistas también ven otro escollo, pues estiman que Estados Unidos, clave en estas negociaciones, tiene las manos atadas en momentos en que el presidente George W. Bush está a punto de pasar el relevo a Barack Obama.
En muchas áreas, la Ronda todavía está lejos de concluirse, como el comercio del algodón, los mecanismos para proteger a los agricultores pobres y las propuestas para recortar drásticamente los aranceles en algunos sectores.
«Claramente, el punto en común de estas tres difíciles cuestiones es Estados Unidos», destaca un analista de Oxfam, Romain Beniscio.
«Estados Unidos no está en posición de mostrarse flexible», afirma Beniscio, en alusión al fin de la administración Bush, la resistencia mostrada por el Congreso a un acuerdo, y a los grupos de presión de agricultores e industriales.