Esta semana el Comisionado Internacional contra la Impunidad en Guatemala Carlos Castresana se reunió con altos funcionarios de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, con el objeto de discutir y solicitar la ampliación del mandato de ese organismo internacional, cuya función principal es la de desarticular los aparatos paralelos dedicados a socavar la institucionalidad del país y de alguna forma sanear las instituciones públicas, expoliando de todos los organismos que conforman el Estado y sus dependencias, la corrupción, la impunidad, etc.
Diversos sectores de la sociedad civil se han pronunciado al respecto y sus criterios han sido disímiles en cuanto a la aprobación de su gestión. Hay quienes creen vehemente-que un Organismo Internacional es la única forma de contrarrestar los tentáculos que aquejan a nuestra sociedad -por la percepción que se tiene de que un organismo internacional es más difícil de ser susceptible a corromperse-; hay otros en cambio que ven poca, por no decir nula la injerencia que ha tenido la Comisión Internacional Contra la impunidad en Guatemala (CICIG) en la lucha contra la impunidad y la corrupción.
Siempre me he jactado de tener buena memoria, empero con relación al trabajo realizado por Castresana a cargo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, de lo poco que recuerdo en su primer año de mandato -quizás por la transición- lo dedicó a conformar su equipo de trabajo y a periódicas reuniones que sostenía con el otrora Fiscal General y Jefe del Ministerio Público Juan Luis Florido, con quien infiero no llegaron a tener buena comunicación ni un buen entendimiento.
Independientemente que como abogado, aún tengo mis dudas con relación al establecimiento de un organismo internacional que tenga injerencia en la aplicación de justicia en un país extranjero, y que al mismo tiempo sea respetuoso de la soberanía estatal -en el caso que nos atañe la soberanía guatemalteca-; considero que es por decirlo de alguna manera «sano» la ampliación del mandato a la CICIG; empero su ámbito de actuación deberá de expandirse en forma progresiva y vertiginosa, y quisiera ver una actuación beligerante en el caso del ex presidente Alfonso Portillo, quien al día de hoy es el gran ganador del desorden imperante junto con todos los sátrapas que gobernaron junto con él.
Señor Castresana, esperamos en estos dos próximos años de mandato, que los grandes «capos guatemaltecos», cuyos nombres son un secreto a voces sean capturados, enjuiciados y sentenciados aplicándoseles el máximo de la pena, y sean encarcelados por los delitos cometidos contra el pueblo de Guatemala, que en ellos confió como en el caso de Alfonso Portillo y su gavilla.