Amor y suicidio en la Catedral de Notre Dame


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El amor nos puede brindar alegría, pasión por la vida, serenidad, paz, la sensación de estar vivos, de necesitar celebrar la existencia, de ahondar en los misterios que éste encubre. Sin embargo, no siempre sucede tal como lo hemos deseado o pensado.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi

 


Por lo que en ocasiones nuestro amor se convierte en una vorágine de sentimientos que algunas veces pueden conducir también a la muerte de una manera insoslayable.  Pero muchos dicen, y yo también creo,  que lo mejor que le puede suceder a una persona es amar hasta los tuétanos.  Porque haber venido a este mundo y no haber tenido la experiencia de amar es algo que amerite ser calificado como inaudito.
Tuve el encuentro literario con una escritora mexicana, Antonieta Rivas Mercado. No la he leído en extremo, pero su biografía me despertó interés.  Así que les compartiré de manera escueta acerca de algunos eventos importantes de su vida.
Nació en México, en 1900. Mujer poliglota, periodista, precursora del feminismo en su país, bailarina, literata y dramaturga. Recibió una esmerada educación; su padre fue arquitecto, autor del proyecto del Monumento a la Independencia, “El Ángel”, a quien también se le reconoce  la terminación del Teatro Juárez de Guanajuato y el Palacio Municipal de Tlalpan; su madre, descendiente alemana. Su entorno, desde muy niña, estuvo inmerso en el mundo de las Bellas Artes y de viajes.
Contrajo matrimonio con un ingeniero inglés a sus 17 años de edad.  Al parecer su enamoramiento fue producto de sus sueños y quimera. Pero, este hombre resultó ser que contaba con la expectativa de convertirla en una mujer tradicional, alejarla del mundo en que ella había estado sumida y había construido con su talento y pasión.  Por lo que ella misma calificó de fracaso sus nupcias. Pero  ello no le hizo perder las esperanzas, ya que luego se enamoró de un gran artista que la instigó a seguir escribiendo.  Sin embargo, su amor por él nunca fue correspondido, al parecer por las elección homosexual de éste.
Mantuvo una relación tormentosa con José Vasconcelos, agobiada por los problemas familiares, su necesidad de tener a su hijo consigo, su deterioro y ruina económica.  La persecución de la cual fue objeto por ser vasconcelista.  Ella se sintió sin un camino que le pudiera ayudar a seguir adelante.  Su personalidad fue descrita como rebelde, temeraria e imprudente.  Como una persona que no tenía límites, no contemplaba riesgos y con dificultad para visualizar el peligro. Un biógrafo dice: “como si ella no fuera consciente de su mortalidad”.
Tuvo una fuerte alianza familiar con una prima y es referido un acontecimiento anecdótico de cómo las dos en alguna ocasión se encontraban conversando de cómo sería su vida futura e imaginaban al hombre de sus sueños.  Ellas, exigentes consigo mismas, llegaron a la consigna personal: “La muerte antes de la mediocridad”.
En las páginas que dejó de referencia, en 1931, la lucha legal que sostiene con su ex marido por la custodia de su hijo, la remesa de dinero que solicita a su administrador y que nunca llega ni a Burdeos ni a París, sumado al romance con Vasconcelos, la lleva a privarse de la vida en una esquina de la catedral de Notre Dame, a los 31 años de edad. Se suicida con una pistola que le había proporcionado Vasconcelos con el fin de protección.  Deja una nota suicida: “Yo soy la única responsable de este acto con el cual finalizo una existencia errabunda”.
Imagino que esta historia nos ejemplifica a una mujer nacida fuera de  época, sin convencionalismos, con un nutrido acervo intelectual y cultural, deseosa de amar y ser amada.  Pero precisamente estas características que le hacen ser una mujer especial y buscadora de verdades, revolucionaria de la percepción del mundo para la mujer, le imposibilitan adaptarse a  una sociedad conformada por normas y estereotipos estrictos.  La perspectiva del hallazgo de un gran amor, un príncipe azul, y al mismo tiempo gozar de la autorrealización personal y de un crecimiento son contrarias y controversiales.
En este mundo no hay príncipes y princesas, aun los nominalmente existentes terminan siendo hombres y mujeres.  El amor idealizado solamente existe en nuestra imaginación, el amor tiene sus altos y bajos, tiene momentos de pasión, pero que no se muestran eternos. La madurez nos hace aprender a convivir con quien amamos sin esperar siempre turbulencias, aventuras y éxtasis.  El amor no es una invención, aunque existan muchos cuentos de amor.  Para el amor también es necesaria la calma, la serenidad, la aceptación, el acompañamiento pero también el disfrute de tener una vida personal.