Amor en cuatro poemas


Grecia Aguilera

El amor siempre brinda ambrosí­as que se derraman en el corazón haciéndolo vibrar intensamente. Observando el Sexto Arcano Mayor, carta del Tarot que dependiendo de su posición advierte sobre el destino de los enamorados o amantes, revela la vida sentimental de las personas, y nos muestra a Eros o Cupido, dispuesto a lanzar su flecha sin piedad, recuerdo que existe un cúmulo inimaginable de poesí­a dedicada al amor en todas sus expresiones. Leo por ejemplo del libro «Poemas del verano» del filósofo don León Aguilera, el poema XXXV que dice: «Amor va en una mariposa,/ pasa y se posa./ Amor es una mariposa/ sobre una rosa./ Amor se pincha en una espina,/ pasa y se posa,/ sangra por la herida divina/ en una rosa./ En el jardí­n arden los claveles,/ el amor es dorado pensamiento,/ las mariposas chupan las mieles/ la dicha es de un momento./ Amor se va en una mariposa,/ pasa un momento,/ amor es una mariposa/ dejando herida pasional al viento.» En la Antologí­a Poética de Luz Méndez de la Vega encontramos «Brujerí­a inútil», un poema de amor, caprichoso y desesperado: «Hoy hice la brujerí­a/ que me recomendó Marien:/ «Para estar segura de olvidar,/ -me dijo- la receta es estupenda,/ al momento mismo/ lo dejas de amar…»/ Yo seguí­ la fórmula exacta,/ paso a paso:/ Con precaución de vedada ceremonia,/ bajo la luna llena,/ y en un sitio solitario,/ a las doce en punto de la noche,/ di fuego a un mechón de tus cabellos,/ diciendo: «Â¡Vete! ¡Vete de mí­,/ maligno amor que hieres!»/ Y, al instante, la brujerí­a rompí­/ y me quemé las manos/ sacando de las llamas/ el trozo medio encendido/ del mechón de tus cabellos./ De todos modos ¡Bien sabí­a!/ que era inútil la brujerí­a/ del consejo de Marien;/ porque a un amor/ como el tuyo y el mí­o/ ni brujos ni diablos/ ni psiquiatras/ pueden ¡tan fácilmente!/ borrarlo.» Homero Aridjis toma el amor desde el mundo virtual con su «Poema de amor en el espacio cibernético»: «En la soledad del Espacio Cibernético/ vagando por la Ruta de los Iconos,/ encontré tu nombre y lo perdí­./ Dispuesto a hallar tu rostro/ en la Pantalla, navegué dí­a y noche/ por las Luces de Eudora./ Entré en Listas y Memorias,/ recorrí­ las ciudades de América Futura/ y las Playas llenas de nudistas virtuales./ Sexoservidoras sin volumen ni sombra,/ paradas en la Carretera Cibernética,/ me ofrecieron sus brazos mercenarios./ Pájaros inmóviles volaron en la Página Actual,/ los rayos de tus ojos me devolvieron al Comienzo,/ los sacerdotes del siglo XXI alzaron su cáliz hacia Todo./ Ansioso de hallarte envié cartas electrónicas,/ abrí­ Ventanas, tomé Atajos, exploré Formatos,/ inserté Números, penetré Bandejas y Basureros,/ me metí­ en Programas, examiné Fotos, Periódicos,/ Anuncios, Opciones, frecuenté los mares del «Spanglish»,/ pero tu amor siempre se escapaba./ El deseo no satisfecho me dio insomnio y ansiedad,/ y ganas frecuentes de asomarme a la ventana/ de un edificio de cincuenta pisos en una ciudad del Norte./ En el laberinto de los ordenadores vi la Imagen Total de Dios,/ oculto bajo Vocabularios, Informaciones, Descripciones, Sí­mbolos y Signos, y páginas de web./ Después de viajar semanas por la Nada,/ creyéndote cerca, siempre lejana, cerré la puerta/ a la vida que se abre y se cierra con un clic.» Y luego comparto con ustedes mi poema titulado «Abrazo», que dice así­: «Sea el abrazo/ un poco más largo/ un poco más fuerte/ interminable/ ilimitado/ dócil/ rebelde/ dulce y acariciador/ eterno…/ Sea el abrazo/ en toda la piel/ irradiándose/ poco a poco/ por cada miembro del cuerpo/ tiernamente/ apasionadamente…/ Sea el abrazo/ ardiente/ ardiente abrazo infinito/ en un segundo del tiempo.»