El Gobierno de la República, ante la problemática que implicaría perder el mayor y mejor ingreso que significan las remesas familiares ?importante medio de combate a la pobreza y extrema pobreza y principal factor económico de desarrollo de la totalidad de las aldeas, municipios y departamentos del país? debe establecer programas de información, orientación, estímulo y apoyo a la organización social, tanto en el territorio nacional, como en las embajadas y consulados de los países donde estamos acreditados.
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La Cancillería no puede pensar que los canales tradicionales son suficientes para evitar el shock que implica la deportación semanal de cientos de cientos de guatemaltecos. La vicecanciller Martha Altolaguirre no es la persona adecuada para actuar en el tema de los guatemaltecos que han inmigrado del país; es pasiva, teórica, no tiene la vivencia de ganarse el pan con el sudor de la frente. En este momento se requiere la vivencia práctica y dinámica que haga que los consulados y sus funcionarios se conviertan en los lobistas y polos sociales más grandes en su jurisdicción.
Tomemos Miami por ejemplo, aunque mucha prensa no lo ha señalado, el consulado volvió a su pasividad. La mitad de sus funcionarios llegan tarde y salen temprano con la tranquilidad de saber que son ahijados, allegados de la elite del Presidente.
La auditoría social representada por los líderes de las comunidades en el extranjero, le manifestaron varias veces al ex canciller Jorge Briz que debía de cambiar a la mitad de los funcionarios consulares y aunque él verbalmente se comprometió, por un oído le entró y por el otro le salió.
El gobierno, incluyendo el nuestro ?especialmente en sus postrimerías cuando Edgar Gutiérrez usufructuó la Cancillería? contrató a varios de sus amigos como lobistas con muy pocos resultados reales. La prensa nacional publica las declaraciones de la Secretaria de Comunicación de la Presidencia que en el año 2006 se gastaron más de Q58 millones en publicidad de gobierno. Porqué no tomar la mitad de ese gasto superfluo e innecesario y destinarlo a organizar, en cada consulado, asociaciones y asesores que les permitan a nuestros compatriotas la organización social, la búsqueda y defensa de esos derechos básicos a la vida, al trabajo, a la utilización del voto como la mejor defensa migratoria.
Quién con una luz se pierde. El invertir en defender a los guatemaltecos en el exterior sería mejor que invertir en cualquier aspecto de fomento a las exportaciones, sería devolver el 12% de IVA que los US$3,000 millones de remesas familiares tributan al utilizarse en el consumo interno de quienes las reciben.
La intensificación de redadas y deportaciones en el presente año, sería una debacle política y social aún mayor que el de la crisis y pérdida de confianza en el sistema bancario nacional, afectaría a más de la mitad de las familias guatemaltecas, los que reciben y dan la mayor inversión de paz, progreso y combate a la pobreza.