América Latina y el Caribe, antes y ahora


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Cuando un proceso revolucionario avanza y tiende a consolidarse o cuando atraviesa por momentos de dificultad, contradicciones y problemas no resueltos, los riesgos y peligros a que hay que hacerle frente, superar exitosamente y derrotar, ponen a prueba la capacidad y audacia, iniciativa y decisión, combatividad y firmeza y, sobre todo, la inteligencia y cohesión de los dirigentes revolucionarios y la unidad, apoyo, consecuencia y lucha de las fuerzas y sectores que los respaldan y en que se apoyan.

Ricardo Rosales Román
\ Carlos Gonzáles \
http://ricardorosalesroman.blogspot.com


En ambos casos, no se puede incurrir en el más mínimo descuido e imprevisión ni subestimar o ignorar, advertir y desconocer lo que los adversarios y enemigos maquinan y fraguan, orquestan y ponen en marcha, lo que inventan y propalan ni sus planes y maniobras desestabilizadoras. Tampoco hay que dejar de salirle al paso al más mínimo indicio de conspiración, labor de zapa e infiltración, desconfianza, dudas y vacilación al interior de la dirigencia revolucionaria.
    
     Se incurre en un error imperdonable cuando se piensa que en momentos de auge y ascenso, de afianzamiento y consolidación del proceso revolucionario, los peligros y amenazas tienden a ser menores y más fáciles de superar que cuando se tienen contradicciones y problemas no resueltos o se tiene que hacer frente a dificultades y tropiezos propios de la situación y condiciones en que se está o cuando aparecen manifestaciones de desesperación o apresuramiento, vacilaciones y desconcierto, falta de confianza en las propias fuerzas, con las que se cuenta y en las que respaldan y apoyan a la dirección revolucionaria.
    
     América Latina y el Caribe empezaron a dejar de ser el patio trasero del imperio más poderoso de la historia a partir del triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Intentos anteriores que -aunque no lograron los objetivos que para el momento en que se dieron eran viables y posibles-, no pueden dejar de tenerse en cuenta en tanto antecedentes históricos de esa tan desigual lucha por nuestra real y verdadera independencia, la soberanía nacional y autodeterminación y de lo que en la actualidad está ocurriendo en los pueblos y países al sur del Río Bravo, su avance, profundización y consolidación, perspectivas y tendencia de desarrollo y desenvolvimiento.
    
     Las fuerzas y sectores que se oponen y conspiran contra los avances de las luchas de los pueblos y países en el Hemisferio occidental, no cejarán en sus propósitos por revertir o contener, liquidar y ponerle fin a los cambios profundos en la República Bolivariana de Venezuela, en la plurinacional Bolivia y en la República Ciudadana de Ecuador y -si les fuera posible-, derrocar a los gobiernos democráticos y progresistas, revolucionarios y anti imperialistas, legítima y popularmente electos.
    
     Tampoco cejarán en su empeño por interceptar las luchas populares y sociales en Uruguay, Brasil y Argentina y que han hecho posible la elección de gobiernos como el del presidente José Mujica y los de las mandatarias Dilma Rousseff y Cristina Fernández.
    
     América Latina y el Caribe ya no es aquella región en que los gobernantes estadounidenses imponían sus dictados y las oligarquías locales y el gran capital transnacional manejaban los asuntos y negocios de la región como si fueran de su propiedad y a su conveniencia.
    
     La tendencia y perspectiva de los acontecimientos en esta parte del globo terráqueo marcha en dirección del desarrollo y el progreso social, la justicia y la equidad, la no discriminación y exclusión por razón de raza, género o creencias religiosas, la real y verdadera independencia nacional y social, el rescate de nuestra soberanía, la nueva integración y unidad regional, y la solidaridad y cooperación fraternal e internacionalista.
    
     Venezuela, marcha cada vez más en pos del sueño del Libertador Simón Bolívar y por lo que el presidente Hugo Chávez Frías luchó y dejó consignado en el Programa de la Patria 1913–1919, base y fundamento político e ideológico del proceso revolucionario bolivariano y de las conquistas y logros del pueblo.
    
     Y, sin ninguna duda, lo que garantiza y asegura la victoria electoral el 14 de abril y la continuidad, avance y profundización del proceso revolucionario en la hermana República Bolivariana de Venezuela, es la organización, la unidad, formación política e ideológica de la población, su decisión de lucha, movilización, lealtad y fidelidad al presidente Chávez Frías y el compromiso social y popular, emancipador, de la dirección chavista.