Es indudable que América Latina se ha convertido en el escenario en donde soplan nuevos vientos para la consolidación de un futuro promisorio, basado en el respeto de la dignidad y la soberanía de nuestros pueblos sin subordinación a las políticas de dominación de los países imperiales.
La hermosa jornada electoral que se vivió en Brasil el pasado domingo con el sensacional triunfo del Partido de los Trabajadores (PT), el cual materializó la elección de la ex guerrillera Dilma Rousseff como la primera mujer que ejercerá la presidencia del gigante del sur, significa que los brasileños quieren la continuidad del proceso de integración de la patria grande, que es América Latina, la tierra en donde está naciendo un nuevo mundo.
De esta manera, proseguirá el esfuerzo a favor de la erradicación de la pobreza y de las grandes transformaciones sociales, que con gran éxito inició el carismático Presidente obrero Luiz Inácio Lula Da Silva, quien se retira del gobierno con el 80 por ciento del apoyo popular y con un prestigio sin precedentes a nivel internacional.
Brasil es el ejemplo digno de imitar, en donde se está haciendo realidad la democracia participativa.
Otro hecho de gran relevancia histórica, fue la multitudinaria despedida que los diversos sectores del pueblo de Argentina tributaron la semana pasada al ex presidente Néstor Kirchner, quien falleció a causa de un paro cardíaco.
Las impresionantes demostraciones populares de solidaridad de los argentinos para la viuda del ex mandatario y actual presidenta de ese país, Cristina Fernández de Kirchner,
deben interpretarse como un fuerte respaldo a su gobierno. Pero también fueron la contundente expresión de reconocimiento para la valiente labor del ex presidente Kirchner a favor de las luchas sociales. Su principal legado es haber sacado a su país de la peor crisis económica, política y social, que ahogaba a ese abnegado pueblo del cono sur, en los primeros años de este nuevo siglo, como consecuencia de las impopulares políticas neoliberales del decadente sistema capitalista.
El presidente Kirchner recuperó un país que había sido vendido a las empresas multinacionales, como actualmente es el caso de Guatemala. Uno de sus actos más audaces, fue que pagó la deuda del país para no estar sometido a las presiones y chantajes extranjeros.
Además, fortaleció la política de respeto a los derechos humanos poniendo fin a la impunidad, pues en su mandato presidencial fueron derogadas las leyes de punto final y de obediencia debida, que impedían enjuiciar a los responsables de las más increíbles atrocidades contra los opositores políticos durante la última y tenebrosa dictadura militar.