Amarillismo en las noticias


Es paradójico que a más capacidad de comunicación, dados los medios y procedimientos tan eficientes con que el mundo cuenta actualmente, menos comunicación real se produce como resultado de la manipulación que se hace constantemente, especialmente de los hechos o acontecimientos que generan la noticia. La manipulación puede o no puede ser legí­tima. Tergiversar los hechos es el extremo inmoral de la manipulación noticiosa, pero también lo es la forma de presentar los mismos, haciéndolos más grandes, más relevantes o subvalorándolos con los únicos objetivos de vender, causar pánico o competir irracional e irresponsablemente. Otras veces la manipulación es menos conciente y obedece más a la ignorancia e imprudencia de quién o quiénes son los responsables de ofrecerla al público.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

Por lo inmediata que es la radio, los efectos también son inmediatos. Viene esto al caso, por lo amarillistas que se revelaron muchos comunicadores de la radio y la televisión con motivo del reciente sismo del martes 13. No sabrí­a decir cuál es la causa de dicha actitud, pero considero muy necesario señalar lo negativo de dicha conducta para que, en la medida de lo posible, pueda evitarse en el futuro y no provoque efectos negativos innecesarios en una población como la nuestra, tan aturdida ya por la violencia cotidiana.

Estar frente a un micrófono o frente a una cámara de televisión, en programas noticiosos, presupone una formación tal que, aparte de dar a conocer convenientemente la noticia y de comentarla, oriente adecuadamente al receptor para que sus reacciones sean las más adecuadas al acontecimiento que se vive. Todo comunicador sabe que el tono de voz, la dicción, la velocidad de lectura y los gestos en general, valen tanto o más que la noticia misma. Los signos no-lingí¼í­sticos son los que más directamente manipulan porque supuestamente son los más naturales y espontáneos. Inconscientemente los receptores lo saben, por lo que en situaciones potencialmente peligrosas son muy tomados en cuenta, más que en situaciones normales. De esto se desprende que en la formación de todo comunicador, el uso de los signos no-lingí¼í­sticos, como en el caso de la gente formada en teatro, debe ser muy cuidadosa, pues de lo contrario, un modo de dicción no cotidiano, una velocidad de lectura inusual o la premura en dar tal información sin confirmarla, puede indicar al público un falso hecho o bien subestimarlo o sobre-estimarlo.

El hecho es, pues, que la noticia no debe ser amarillista, porque se pone en juego la seguridad de toda una población y, aparte, también el prestigio y seriedad de quienes se precian de ser comunicadores sociales.

Ante tales eventualidades noticiosas, debe haber todo un plan que comprenda procedimientos claros en todos los medios de comunicación. No es posible que se improvise, poniendo en riesgo con esto la seguridad e integridad, repito, de toda la población.

Ante todo, prudencia y alto sentido de responsabilidad. Nuestro paí­s, dadas sus circunstancias geográficas y sociales, es foco constante de eventos noticiosos, sobre todo negativos. Otra paradoja, mal por nosotros y bien para las empresas que viven de las noticias.