La decisión del Banco Central Europeo (BCE) de mantener sus tasas de interés sin cambios en 4% esta semana sólo posterga un nuevo enfrentamiento con Francia, opuesta a una alza de las tasas que considera responsable del euro fuerte y que es casi una realidad para septiembre próximo.
Aunque la teleconferencia del Consejo de gobernadores celebrada el jueves decidió mantener las tasas sin cambios, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, que también es francés pero defiende a capa y espada la independencia de su institución frente a los ataques de París, sugirió que éstas serían aumentadas en septiembre.
Trichet declaró que el BCE ejerce una «gran vigilancia» de los riesgos inflacionarios, palabras clave que han conducido invariablemente hasta ahora a una alza de las tasas el mes siguiente.
Existe un amplio consenso en el mercado sobre el hecho de que el BCE aumentará sus tasas a 4,25% en septiembre.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que busca una mayor influencia política sobre las decisiones del BCE, ha criticado en varias oportunidades la política de incremento de las tasas, que considera responsable de la subida del euro, de perjudicar las exportaciones de la zona euro en general y las francesas en particular, y de la transferencia de empresas a países emergentes como China.
La insistencia de París al respecto no cesa, aunque Sarkozy parece haber designado como portavoz sobre el tema al secretario de Estado para Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet.
Jouyet pidió el martes ante la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional «ampliar» el diálogo con el BCE, que le parece a veces «reductor».
Consideró que los países de la zona euro deben tener un «diálogo normal» con el BCE «para saber si frente a un diagnóstico económico compartido, la situación del cambio amerita correcciones» o no.
Jouyet ya había señalado a mediados de julio en una entrevista con el diario International Herald Tribune que era posible «influir» en las decisiones sobre las tasas del BCE a través de un diálogo «más abierto» con los ministros de Finanzas de la zona euro.
«No es aceptable», reaccionó inmediatamente Trichet, que es raro que responda a un comentario en particular y de forma tan rápida.
El euro alcanzó estas últimas semanas records históricos frente al billete verde al superar el umbral de los 1,38 dólares, y también batió récord tras récord frente al yen.
Pero Francia ha quedado un poco aislada, porque varios países de la zona euro como Irlanda, Austria y sobre todo Alemania registran un comercio exterior floreciente pese al vigor del euro, y Berlín, cuya prioridad es la lucha contra la inflación, no se cansa de defender la independencia del BCE.
El BCE ha elevado las tasas en ocho oportunidades en los últimos 18 meses, la última vez en un cuarto de punto porcentual, a 4% en junio.
Una alza de las tasas a 4,25% a partir de septiembre podría provocar una subida aún más fuerte del euro, que en julio alcanzó niveles récord frente al dólar y el yen, advierten analistas.
La fuerza de la moneda única europea se convertiría cada vez en un mayor problema para los exportadores. Y el argumento de Sarkozy en favor de una mayor influencia de los poderes políticos sobre el tipo de cambio podría ganar adeptos.
La próxima decisión del BCE se ha convertido en un «tema político», estimó recientemente Holger Schmieding, economista jefe en Europa del Bank of America y gran conocedor del BCE.