Alza de precios en un Gobierno que no arranca


Eduardo_Villatoro

El sábado 28 de enero publiqué un artículo en el que señalaba que durante las últimas décadas, al inicio de casi todas las gestiones de una nueva gestión administrativa gubernamental comienza una arriesgada escalada de precios de la mayoría de productos, especialmente de la canasta básica, y que a dos semanas de haber asumido el poder el presidente Pérez Molina ya se vislumbraba ese incremento que podría acelerarse si el Gobierno no asumía su responsabilidad de velar por los intereses de la mayoría de guatemaltecos.

Eduardo Villatoro


No es motivo de jactancia mía confirmar que a dos meses y 10 días del cambio presidencial se está registrando ese fenómeno cíclico, aunado al aumento de precios del petróleo en el mercado internacional, que es muy bien aprovechado por las avorazadas empresas transnacionales que importan combustible a Guatemala y no pocos propietarios de gasolineras; a la vez que ese ascenso está operando como dominó y alcanza a los artículos de primera necesidad, que afecta a las clases populares.
   Ese sábado especulaba yo que el alza, generalmente desmedida que ocurre cada cuatro años, es consecuencia de varios factores, entre los cuales las presuntas características ideológicas del nuevo Gobierno; el origen del financiamiento de las campañas de proselitismo de las autoridades elegidas que se hacen de la vista gorda ante la codicia exagerada de sus financistas, y el vacío de poder o pasividad de funcionarios de jerarquía intermedia durante las primeras semanas o meses del régimen político recién estrenado.
   Traje a cuenta que hace 12 años, cuando asumió el presidente Óscar Berger,  apoyado abiertamente por la plutocracia, de inmediato subieron  los precios de consumo general, sin que el inexperto y complaciente mandatario adoptara alguna decisión que impidiera los incrementos, fundamentalmente porque estaba atado a sus compromisos con los financistas del partido político que lo postuló.
   Adicionalmente, los distintos y circunspectos grupos de la sociedad civil no reaccionaban y los sectores populares que ejercen presión mediante medidas de hecho no se habían repuesto de la derrota de las corrientes políticas menos conservadoras y, en consecuencia, se encontraban debilitados y dispersos, mientras que muchos de los calculadores políticos constituidos en supuestas fuerzas de oposición, incluyendo a los flemáticos diputados, estaban tan entusiasmos en subirse a la carroza de los triunfadores electorales, que se afanaban en morder cualquier hueso de envergadura en el Organismo Ejecutivo o en posiciones de acceso al poder en comisiones legislativas, a manera de puestos de consolación -como está ocurriendo en la actualidad-, que no se molestaban en perder su valioso tiempo para defender los intereses de sus electores y de las clases media, asalariadas y populares.
   Ahora sucede que, al parecer, el Partido Patriota no cuenta con equipos de afiliados o simpatizantes dispuestos a ocupar posiciones burocráticas intermedias, porque casi todos no vacilan en sacrificarse siempre y cuando ocupen cargos de primera línea en el Ejecutivo, en tanto que quienes ocupan los puestos de mandos medios no toman decisiones porque temen que de un momento a otro serán destituidos, y de ahí que el vacío de poder contribuye a que este Gobierno no termine por arrancar, lo que también propicia la especulación mercantil expresada en el alza de precios.
   (En la carnicería de Romualdo Tishudo una señora pide: -Deme una libra de carne. -¿Bien escogidita?, pregunta mi tío. -¡A usted qué le importa! Sólo despácheme).