El tema que hoy abordo, no es del todo fácil, puesto que conlleva la gran responsabilidad de presentar un fenómeno socio-cultural que ha tomado auge en los últimos años, en los ciclos educativos de la educación primaria, secundaria y diversificada.
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Catalogo el embarazo como un problema latente porque el trato que se le da cuando surge o aparece, es el de problemático para la niña o señorita que lo experimenta, para su familia y repercute de fondo en su vida estudiantil; provocando cambios sustanciales, no solo en su cuerpo por el embarazo mismo, también en sus relaciones sociales y estudiantiles.
En las escuelas o institutos donde hay alumnas embarazadas, la reprimenda por parte del sector docente no se deja esperar, la mayoría de maestras, profesores y profesoras, generan comentarios de todo tipo bajo la influencia religiosa personal que ostenten; para algunas, “el mal ejemplo” el “pecado” debe corregirse enviando a las estudiantes a su casa, para que alguna compañera piadosa le comparta los deberes, tareas, trabajos e investigaciones que se desarrollan en el aula.
El “mal ejemplo” no debe estar a la vista de las demás estudiantes porque puede convertirse en enfermedad de transmisión visual; otro grupo de docentes se inclina por que las alumnas afronten su realidad tal como es, con las consideraciones del caso, de esa forma se estaría autoformando una doble responsabilidad, para con la alumna misma como persona y para con su bebé.
No son de extrañar los comentarios de las docentes que siendo madres critican de forma grotesca a las alumnas embarazadas, cual si ellas mismas no hubiesen pasado por problemas similares más o menos en su juventud; pero que ahora derrochan verborrea de “valores” como si fuesen incólumes en su vida.
Como producto del embarazo las jovencitas son objeto de represión en la casa, represión en la sociedad y represión en la escuela… y son orilladas a dejar los estudios con las consecuencias funestas, pues el país dejará de obtener una mujer educada que es la base moral y formativa de la sociedad; entre los millones de jovencitas que habitan en el país, ellas son privilegiadas con obtener estudio.
Los riesgos: casi de inmediato, para subsistir de manera digna, sería su incorporación a la economía informal; o en la vía ilegal, su ingreso a los grupos delictivos que están a la espera de adolescentes con problemas para reclutarlas con fines de prostitución y/o cobradoras de extorsiones, lo cual las coloca en una situación jurídica muy vulnerable y delicada.
¿QUÉ HA HECHO EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN AL RESPECTO?
¿Giró sus “feroces” órdenes para que en TODO EL PAÍS, sancionen a las jovencitas embarazadas? o ¿Las ayudan a enfrentar el problema? Ahora no vaya a salir la ministra con que en ninguna escuela e instituto existe tal situación, queriendo evadir la responsabilidad directa de los maestros/as, directores/as, catedráticos/as y hasta supervisores/as en su obligación de orientar a la población escolar. ¡Vale la pena apoyarlas!