Guatemala está jugando con fuego. Un fuego que está siendo alimentado por distintas fuerzas opuestas a que el país se encamine por un derrotero de progreso, desarrollo y justicia social. Por grupos entre los que se entrelazan intereses de partidos políticos, de grupos fundamentalistas y de poderosos oligarcas, de grupos identificados con el crimen organizado y el narcotráfico. Sin dejar de contar a grupos que manejan el poder mediático. Una peligrosa amalgama de poder y dinero.
Si a ello le añades la carencia de servicios a la población, la crisis económica (que se complica y agrava a cada instante) y su consecuencia de desempleo e inseguridad, estamos hablando de una bomba de tiempo que de no detenerla nos explotará en pleno rostro, sin que exista, además, actualmente la capacidad para hacerle frente. Todo ello, dirigido a llevar al país por los senderos de la ingobernabilidad, pretexto excelente para declararnos «Estado fallido» y ser candidatos para que la «Comunidad Internacional», preocupadísima por la situación, decrete que es necesaria la intervención, para devolver la paz y la posibilidad de restaurar «la democracia».
Los grados de violencia a que ha llegado el país, tienen a la población «en ascuas». Sin poder divisar por donde estará la respuesta para disminuirla o evitarla. Pero que en su desesperación son incapaces de analizar las fuentes que la generan. ¿Nos hemos preguntado acaso el porqué de la «casualidad» de que una de las rutas más atacadas por quienes asesinan pilotos de autobuses urbanos, lo es la ruta que pasa por la Calzada Roosevelt?… ¿No será que por allí pasará el metro? Y la gente identifica la inseguridad de los buses contra la «seguridad» del metro.
¿No se habrán preguntado el porqué esperan a que la droga llegue a Guatemala para «combatirla?… y que, los países industrializados encabezados por los Estados Unidos tienen toda la capacidad tecnológica para detectar los aviones, o los medios que utilizan para sacar la droga de las selvas colombianas, «desde el mismo momento» en que su traslado se produce.
¿Por qué derrocaron a Fujimori?… ¿por qué había reducido la producción de coca en casi 40%?… para que se elevara nuevamente al llegar al poder el «Cholo» Toledo, ex funcionario del BID. ¿Por qué si los talibanes también la habían reducido, las «fuerzas internacionales» han permitido su crecimiento? ¿Por qué en los Estados Unidos no caen ni capos ni lavadores? ¿Por qué hemos llegado hasta este punto? Porque no hemos sido capaces de detenernos a analizar nuestro pasado reciente y en él encontrar el hilo perdido. Cincuenta y cinco años han transcurrido desde la invasión e intervención extranjera a Guatemala. Gobiernos de todo tipo han desfilado por el «Guacamolón», sin que hayan sido capaces de orientarnos hacia el desarrollo y la justicia social, «mala palabra» para quienes han explotado nuestro país por centurias.
¿Por qué si ninguna opción «democrática» o de gobierno militar ha funcionado, no le dan oportunidad nuevamente a un gobierno revolucionario y popular? ¿Por qué intereses muy particulares le tienen pánico a que pueda haber una alianza cívico-militar que duplique el inicio de los diez años de «primavera democrática?, que precisamente se inició de esa manera… ¿por qué se ataca a las Fuerzas Armadas (como institución) sin señalar a quienes las utilizaron, (nacionales y extranjeros) para mantener sus privilegios?
Mientras no seamos capaces de sentarnos a analizar profunda y seriamente acerca de nuestro pasado reciente, con valentía para reconocer la responsabilidad que a cada sector corresponde. Sin esconder errores, ni tratar de justificarlos. Cuando nos alejemos del juego a que nos empujan, para que no seamos capaces de encontrar nuestra propia ruta, seguiremos siendo empujados para que la población no encuentre el camino correcto. El camino perdido que devuelva al pueblo la conducción de su destino.