Sobre el particular, vemos que ninguna autoridad así sea su posición gubernamental trata de evitar tamaño problema cuesta arriba. La DIACO y el INE abren la boca solo limitándose a exponer que los precios están conforme las cuantías internacionales. Quedan impávidos, pese al clamor y desesperación popular de dimensiones fuera de serie y evidentes.
De esa cuenta, quienes pergeñamos cuartillas de índole directo a opinar, en uso de la libertad de expresión del pensamiento, llegamos a la conclusión ser en balde; resulta nada más algo acumulado en la montaña respectiva, ajena a buscarle la debida y ansiada solución urgente y necesaria.
No hay un día de Dios que no se disparen los precios de todo lo habido y por haber.
El fenómeno visible cae como balde de agua fría sobre las molidas economías hogareñas cuesta abajo. Pero comportamientos obligados refunfuñadores, sentimientos de coraje, desolación y por supuesto desesperanza, ganan espacios públicos, por cuanto de los ofrecimientos, nada.
Las amas de casa, administradoras del gasto cotidiano, andan más perdidas que la Llorona en búsqueda de los famosos precios favorables, hacia mitigar algunos tiempos de comida lo más sencillo posible.
En realidad difícil en extremo alcance el dinero, pese a sacrificios familiares, unidos en estos tiempos sumamente conformantes, ligados a tiempos de vacas flacas.
A menudo y a manera de reacción natural se piensa en torno al control de precios. Sin embargo, tan rápido en línea con la luz saltan decididos a defender a capa y espada dicha posición en menoscabo del colectivo en trapos de cucaracha. Quienes conforman el poder económico pierden totalmente la sensibilidad social y el espíritu humano de un todo y punto.
En concreto, lanzo la interrogante a tiempo de exclamar, entonces quién asumirá el papel de defensor del pueblo. De lo contrario, el caso con orientación deseable configura una situación merecedora de solución inmediata. Estrategias que las hay, las hay, únicamente pende dar el primer paso y demostrar con valentía que les anima el bienestar social.
Si por el contrario, continúa el aluvión consistente en dejar en manos libres al comercio e industria, iremos mal, muy mal, dando traspiés alrededor del gigantesco caso, enemigo irreconciliable que nos tiene en angustia y total malestar general. Cómo es posible mantener oídos sordos en las diversas posiciones gubernamentales ante el asunto color de hormiga.
Hasta los llamados «montes» ahora están en las alturas, tal los precios disparados en forma espantosa y cruel. Productos, bienes y servicios exhiben esa calidad tétrica en perjuicio total de la mayoría de connacionales; que de verdad andan con una mano atrás y otra adelante. Estamos mal, no cabe la menor duda en las entenderás, o el imaginario nacional. Reitero la interrogante atinente a los precios en otra galaxia.