En mi primera columna de este año hacía referencia a que, según Ignacio Ramonet, en materia de política internacional no caben las supersticiones y que los años terminados en nueve son a menudo convulsos. Ramonet trae a cuenta algunas de las principales conmemoraciones que, en unos casos, contribuyeron a la transformación del mundo y, en otros, a retrocesos o estancamientos.
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El 1 de enero se conmemoraron los 50 años del triunfo de la Revolución Cubana; el 1 de octubre de 1949, se proclamó la República Popular China; y, en febrero, se conmemorarán los 10 años de la Revolución Bolivariana en Venezuela. Son tres momentos que con sus rasgos y características y en la situación y condiciones en que han tenido lugar, cambian la historia de la humanidad en general y de los pueblos de sus respectivos países que han sido, son y seguirán siendo protagonistas principales de los cambios a favor de ese otro mundo mejor que es posible construir.
En estos casos, se está ante acontecimientos de carácter revolucionario. En otros, ante retrocesos y convulsiones que repercuten adversamente en los demás pueblos y países del mundo.
En 1929 se desencadena la Gran Depresión; en abril de 1939 es derrotada la República española por las huestes franquistas y, en septiembre, comienza la Segunda Guerra Mundial; en febrero de 1989, cae el muro de Berlín y, en noviembre, colapsa el sistema mundial del socialismo.
Para América Latina y el Caribe este año es un año que plantea nuevos desafíos y cuyo desenlace favorable y exitoso contribuirá a consolidar el mapa de cambios que están teniendo lugar en el Continente. El comienzo es alentador y continuación no sólo de la consolidación de esos procesos sino de su afianzamiento, profundización y ampliación.
En las actuales condiciones estos desafíos -salvo en cuatro países- pasan por procesos electorales participativos, protagónicos, de nuevo tipo: son resultado y expresión de la voluntad ciudadana de los marginados, excluidos y discriminados, y cuyo arranque se da a partir del triunfo de la Revolución Bolivariana en Venezuela en febrero de 1999 que, a su vez, marca el comienzo de los cambios revolucionarios en Bolivia, Ecuador y, posiblemente, en Paraguay. Es, además, la continuidad del camino al socialismo iniciado en Cuba con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959.
En lo que va del año, ya han tenido lugar comicios legislativos y de autoridades municipales en El Salvador con resultados favorables para el FMLN y adversos para ARENA (18 de enero). El referéndum constitucional, del domingo 25, en Bolivia, marca el paso revolucionario de una institucionalidad formal, agotada, caduca, vigente desde 1825, a una institucionalidad real, funcional, participativa, revolucionaria. Además, durante el año tendrán lugar siete comicios presidenciales, tres legislativos y un referéndum más.
Para el 15 de marzo están programados comicios presidenciales en El Salvador. Habrá también en Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Panamá, y Honduras. Comicios legislativos tendrán lugar en Argentina y en México, en donde, además, se elegirá gobernadores de seis Estados. En Venezuela, el 15 de febrero, tendrá lugar otro referéndum.
En el caso de Chile, Panamá, Honduras y México, no son comicios que deriven en cambios significativos. A lo más que se podrá llegar es a una alternabilidad continuista que pone de manifiesto la caducidad institucional y el agotamiento del sistema electoral y de partidos.
En ese marco, no extrañan ni sorprenden los furibundos y concertados ataques a las reelecciones continuadas que están planteadas como expresión de los cambios revolucionarios en nuestro Continente. Son cuestionamientos que, además de inconsistentes, no tienen en cuenta lo que en realidad es la alternabilidad gubernamental en las democracias formales y dizque representativas.
Quién no sabe y advierte que la alternabilidad en Chile es el continuismo de la Concertación en el gobierno desde 1990. En El Salvador, ARENA ha asegurado su alternabilidad continuista durante tres períodos en los últimos 15 años. Y qué decir de la alternabilidad gubernamental en nuestro país a partir de 1954. í‰sta se da a través de sucesivos gobernantes impuestos, golpistas, contrainsurgentes y terroristas o electos por partidos que en nada se diferencian y sí se identifican con el sistema al que sirven, en el que se apoyan y salvaguardan, además de su vergonzante dependencia y sumisión al poder oligárquico local y los intereses neocolonizadores extranjeros.
Ya lo dijo Rosa Luxemburgo, «no os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria […]. Extraordinario es el tiempo que vivimos, […] propone problemas enormes y espolea el pensamiento y es [?], ante todo, un tiempo fructífero, preñado».
En el 156 aniversario del natalicio de José Martí, el más universal de los cubanos y autor intelectual del Asalto al Moncada, es lo que puedo opinar al respecto de la alternabilidad continuista, su agotamiento y caducidad.