Suavidad y opulencia de la pintura flamenca inspiran a John Galliano para Dior, mientras Felipe Oliveira Baptista hace dialogar naturaleza y tecnología para vestir a una mujer aviadora que se adorna con plumas. Cristian Lacroix no renuncia a los aires rococó que lo han caracterizado, incluso en tiempos de crisis económica.

Los diseñadores hacen sus galas en las pasarelas de París presentando trabajos de delicada terminación.
Felipe Oliveira Baptista alarga las chaquetas de los tradicionales trajes sastre hasta transformarlas en minivestidos, que se lucen sobre gruesos leotardos o leggings, a menudo estampados.
Los estampados geométricos caracolean en las mallas ajustadas a la piel que se vislumbran bajo los vestidos largos y fluidos. El diseñador contó a la AFP que los ideó a partir de la foto aérea de una carretera cuyos meandros se pierden en el infinito.
Batista se inspiró «en la aviación, pero también en la naturaleza y en los indios del Caribe», para hacer un «diálogo entre la naturaleza y la tecnología.
El desfile de Dior se abre con una mujer que parece surgir de un cuadro de Vermeer, con su toca blanca y su amplia falda amarilla. Siguen otros modelos de cortas faldas ampliadas por aros, del color azul que el pintor flamenco solía asociar con el amarillo.
Las mangas abombadas redondean los hombros, los cuellos se transforman en gorgueras, las mangas se engalanan con encaje blanco. Los colores se hacen más profundos, y entonces se piensa en los cuadros de Van Dyck.
La fidelidad a Christian Dior se encuentra en las faldas amplias, las chaquetas que marcan la cintura.
En el desfile de Stéphane Rolland, ex diseñador de la casa Jean-Louis Scherrer, plisados y pedrería dispuesta como en un mosaico ensalzan una colección de modelos rectos y precioso corte.
Los vestidos son de un solo color, blanco, negro o rojo. Los escotes a menudo vertiginosos y, en los modelos cortos, el largo de las faldas deja ver las rodillas. En los largos, las telas se ensanchan en efectos de capa o en cascada de volantes plisados.