Perseguidos por las fuerzas iraquíes y estadounidenses y rechazados por una parte de la población, los insurgentes islamistas de Al-Qaeda en Irak están debilitados pero aún no han sido vencidos, según los analistas.
En algunos lugares del país, los militantes islamistas fueron vencidos y obligados a huir, pero en otros sitios lograron reagruparse y formar células durmientes, en espera de días mejores.
En Bagdad, el portavoz del ministerio del Interior, Abdel Karim Jalaf, asegura que «ya no constituyen una amenaza a nivel político. Se han convertido en un problema que podemos gestionar».
Para Jalaf, la implicación en algunas provincias de las milicias tribales en la lucha junto a las tropas estadounidenses y la policía iraquí ha sido un factor determinante en el retroceso de Al-Qaeda.
«Gracias a estas informaciones, (los insurgentes) se han convertido en un objetivo fácil», asegura. «Les hemos vuelto locos. Los Sahwas (grupos de milicianos) están en todos los lados, conocen a todo el mundo e identifican a un extranjero al momento: Al-Qaeda ha sido asfixiada. Ya no pueden operar», añade.
Según el testimonio de un islamista en Faluja (a 50 km al oeste e Bagdad), recogido por la ONG Grupo Internacional de Crisis, el militante reconoce estar «atrapado, no puedo hacer nada. Los Sahwas van de la mano con los estadounidenses. Eso es malo para nosotros».
«Algunos se han marchado a Baquba (este) o a Mosul (norte), donde hay más espacio, pero son prisioneros al aire libre (…) Los estadounidenses no son tan peligrosos. Tienen la tecnología, pero desconocen el terreno (…) Hemos sido traicionados por nuestros propios hermanos», añade.
Según los expertos, los combatientes de Al-Qaeda se han ido separando progresivamente de la población civil iraquí, a pesar de que les une un sentimiento antiestadounidense, por su violencia ciega, su puesta en entredicho del orden tribal tradicional, su deseo de imponer el islamismo riguroso de los salafistas y por su toma de control del tráfico y las redes tradicionales de contrabando.
«Su error fue tratar de imponer demasiado pronto un Estado islámico en las regiones que controlaban. En ese caso, debían haber sabido tratar a la gente de manera igualitaria. Han matado a demasiados opositores. En Irak, cuando matas a alguien, su tribu debe vengarle», explica desde la capital jordana, Amman, Marwan Shehade, un investigador próximo a medios islamistas.
Según el estadounidense Stephen Biddle, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, «los sunitas que los jefes yihadistas consideraban como poco devotos y escasamente resolutos fueron perseguidos brutalmente: cabezas cortadas de hijos de los jeques que no seguían sus consignas fueron colocadas frente a las casas de éstos».
Los analistas insisten en que si bien Al-Qaeda está debilitada y acosada, no ha sido aniquilada.
El ejemplo se produjo ayer, con un triple atentado, perpetrado con el método habitual de Al-Qaeda, en un mercado de Bagdad que provocó 28 muertos y decenas de heridos, entre ellos niños.
«No están derrotados, su ideología persiste», asegura Shehade. «Han perdido numerosas regiones, pero adaptan su estrategia. Se han vuelto clandestinos. Su propaganda en internet continúa y pueden atraer jóvenes tentados por este discurso radical».
Mohammed Al-Masri, del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Jordania, considera que si los Sahwas logran integrarse en el ejército, la policía y el funcionariado iraquí, el proceso de debilitamiento de Al-Qaeda se acentuará.
«En caso contrario, algunos no tendrán problema en volver junto a Al-Qaeda», advierte.
Otro elemento en consideración será cómo influirá la retirada de las tropas estadounidenses de Irak. El gobierno de Bagdad se reúne hoy para estudiar el calendario presentado por los estadounidenses para una retirada paulatina de tropas de ahora hasta finales de 2011.