Alien versus Depredador


«Lamentablemente a la polí­tica contemporánea le falta una dimensión ética y estética. Demasiadas cosas sucias y poco elegantes se hacen en su nombre», Rodrigo Borja, polí­tico ecuatoriano.

Gerson Ortiz
lahora@lahora.com.gt

El tí­tulo de esta columna no hace alusión en concreto a la pelí­cula con ese nombre donde se enfrenta un extraterrestre contra una bestia rara que se hace invisible, sino sobre todo al eslogan del filme.

Y es que las campañas de los dos partidos que compiten por la presidencia para la segunda vuelta electoral el próximo 4 de noviembre nos hacen ver un panorama que no está muy lejos de la frase: «gane quien gane, todos perdemos».

Rodrigo Borja, en una de sus definiciones sobre «polí­tica», explica que debido a que el individuo no puede eludir la vida en comunidad, la polí­tica debe ser la ciencia de la conciliación de intereses contrarios para dar unidad, en medio de la diversidad, al cuerpo social.

La anterior parece ser una definición que los polí­ticos en el paí­s no revisaron. En Guatemala, donde algunos partidos de «izquierda» son en esencia de derecha, la socialdemocracia de Colom (el cual es erróneamente calificado como izquierdista por algunos medios internacionales), que no es sino una derecha menos descarada, y la ultraderecha de Pérez Molina (el cual se autocalifica como de centro derecha), no proponen en forma y fondo diversidad.

Por ejemplo en el caso de la delincuencia: Pérez plantea combatirla con «mano dura», y Colom con «inteligencia». Ambos se refieren a combatir el tema (atacar, reprimir, según el diccionario), pero no hubo una «polí­tica de prevención» previa heredada por los gobiernos anteriores, cuyas tendencias ideológicas son similares a las de los actuales aspirantes al Ejecutivo.

Basta revisar algunas páginas de la historia para saber que los gobiernos militares, por un lado, significaron en el paí­s un deterioro social cuyas consecuencias aún pueden percibirse. Los gobiernos de derecha, por el otro, abolieron el Estado dando luz verde al crecimiento del mercado capitalista cuyos favorecidos son la minorí­a donde se concentra la riqueza.

Entonces, el próximo domingo es un compromiso ciudadano asistir a votar, pero no es una obligación votar por el menos peor. El ejercicio ciudadano estará completo si las y los ciudadanos votan por uno, por otro, en blanco o nulo, por lo que ir y manifestar desacuerdo con ambos candidatos no es pérdida de tiempo.

Improperios como los vertidos en las campañas hacen que la polí­tica nuevamente se vea como un campo de batalla donde sólo las aves de rapiña (y no la ciudadaní­a) pueden participar, y cuyo resultado es predecible como el mismo porque otra vez, gane quien gane, todos perdemos.