Algunos mitos sobre la guerra contra el crimen organizado (y V)


Quisiera finalizar con el presente aporte, el análisis sobre la guerra contra el crimen organizado en Guatemala.

Mariano Rayo
Diputado Unionista

Hay voces que abogan por aceptar y tolerar la presencia del crimen organizado en el paí­s, y mejor si hay un arreglo, para una convivencia «pací­fica» con estos parias de la sociedad. Esta posición argumenta que la violencia cesarí­a si se negocia con los delincuentes. í‰ste es un enfoque en extremo simplista para solucionar el problema.

El crimen organizado no ha sido siempre un problema de seguridad nacional. Se transformó en una amenaza estratégica al fortalecerse financieramente a partir del inicio de la presente década. En el pasado el crimen organizado era un problema de segundo orden con el que se conviví­a, siempre y cuando se circunscribiera a su territorio, lo más lejos posible de los principales centros urbanos. Durante años no fue un tema central para nadie.

Ahora estamos frente a una realidad distinta en la cual el crimen organizado busca imponer su autoridad por encima del Estado con la ley de «plata o plomo». El crimen organizado es ahora una amenaza estratégica. Y en esa dimensión hay que tratarlo. Y en esa dimensión, no se puede olvidar que el crimen organizado es un enemigo fragmentado, sin control sobre su gente y sin reglas en el uso de la violencia. Exijo que como ocurrió durante el conflicto armado interno, ni se acepte ni se tolere la presencia de grupos del crimen organizado en el territorio nacional.

La actividad reina del crimen organizado es el narcotráfico, y sobre esta última se ha iniciado un debate sobre su legalización. Este es un debate sobre cómo aminorar el problema, porque con las drogas no existe camino ideal. Se trata en realidad de escoger entre daños de salud pública o violencia. La legalización de las drogas no las vuelve socialmente deseables. Teniendo como punto de partida el principio del mal menor, la idea de legalizarlas es correcta y a futuro seguramente esto dejará de ser un mito. Lo que es un mito en la actualidad es pretender que esta estrategia pueda ser puesta en marcha con éxito por los paí­ses afectados por la violencia que genera la producción y el tráfico de drogas. La legalización de las drogas requiere un acuerdo simultáneo con todos los paí­ses consumidores. Sin la participación de Estados Unidos y Europa una estrategia de este tipo, aplicada en Guatemala, serí­a un suicidio para la seguridad del paí­s. Esto es injusto, pero el problema no es de ética sino de realidad.

No se trata sólo de un conflicto polí­tico entre la inseguridad de los paí­ses que producen y trafican versus la hipocresí­a de los paí­ses que consumen, sino que la distorsión generada serí­a altamente explosiva. La disposición de droga es infinitamente superior a su demanda y la situación en Europa y Estados Unidos es inversa. Por lo tanto, legalizar la droga en los primeros sin que se haya hecho en los segundos supondrí­a un fortalecimiento de estructuras criminales en el paí­s, porque el negocio central seguirí­a siendo la exportación ilegal ante la enorme diferencia de precios. Legalizar equivaldrí­a a dar plenas libertades a grupos criminales en paí­ses con grandes debilidades institucionales, como Guatemala.

Estados Unidos y Europa continuarán jugando la carta de la tolerancia al consumo porque los niveles de violencia de los delincuentes dedicados a distribuir drogas en sus calles no se han convertido en una amenaza estratégica. Pero esa violencia está creciendo, Estados Unidos ha encarcelado a más de dos millones de personas por delitos vinculados con las drogas y tiene un millón de pandilleros, gran parte de los cuales se dedican a la venta de drogas. Quizás cuando esa violencia se vuelva intolerable para Europa y Estados Unidos, la idea de la legalización de las drogas comience a discutirse en serio como estrategia multilateral. Por el momento hay que mantener estrategias de control y erradicación de daños. El tema de la legalización está avanzando pero dista mucho de estar finiquitado.

Concluyo estas reflexiones con una severa llamada de atención a las instituciones del Estado, el crimen organizado está presente y arraigado en Guatemala, y su poder crece por la tolerancia de algunos, la pasividad de otros, pero en particular porque ha logrado permear a nuestra sociedad. Los indicios son muchos y las evidencias muchas más, así­ que no cerremos los ojos ni nos tapemos los oí­dos, hay que hacerle frente al crimen organizado en todas sus variantes.

Lo que no se haga hoy será llorado mañana.