He de agradecer el tiempo que dedican las personas a la lectura de los artículos. Han habido para los mismos diversidad de comentarios.
crismodenesi@gmail.com
La creación de esta columna fue una iniciativa personal con el fin de tener un acercamiento con la población para dar a conocer la labor del psiquiatra.
Existe un estigma social para acudir al psiquiatra, éste de manera afortunada, ha ido menguándose.
Pero aún existen personas con padecimientos de esta área de la medicina que no saben que pueden obtener ayuda para que su calidad de vida mejore. Ni que a través de un tratamiento de psicoterapia, se puede analizar mejor las situaciones de la vida cotidiana, aprender de las mismas y llegar a un autoconocimiento personal que conduzca a una mejor autovalorización y al desarrollo de las potencialidades humanas.
Conversando con la psiquiatra, pretende entablar un diálogo que permita un mejor entendimiento de lo que la psiquiatría significa.
La o el psiquiatra no somos médicos al servicio de la locura, y este último término, tendría que ser otro tema de discusión. Ya que lo que para algunas personas es locura para otras es cordura.
La psiquiatría es una rama de la medicina que establece contacto con otras especialidades de la misma, evalúa a la persona de una manera integral no como un número o una enfermedad.
Las personas padecemos de enfermedades, pero no somos la enfermedad. Y para tener un enfoque exhaustivo de lo que le sucede a la persona se han de evaluar los ejes que comprenden su vida desde la perspectiva biológica, psicológica y social.
Es mi sentir que aún no he podido transmitir este concepto, leyendo las opiniones de algunos de mis lectores. Alguien sugería en la columna, que por qué nosotros los médicos/as no nos encontrábamos de mejor manera proporcionando nuestro trabajo gratuito, realizando cirugías en áreas donde sucedió el conflicto armado.
Esto último me pareció necesario de comentar y aclarar. Como psiquiatra, se obtiene formación médica. Existen rotaciones por medicina interna, cirugía, ortopedia, pediatría, ginecología y otras. Pero nos especializamos en el área de salud mental, en su prevención, tratamiento y rehabilitación.
Sí realizamos cirugías, pobres de los pacientes, esto sería, casi un acto homicida. No somos cirujanos, ni tenemos la preparación para realizar un acto quirúrgico. Ni siquiera prescribir medicamentos para las amebas, faringitis, neumonía, otitis u otras enfermedades de atención común en la medicina. Ya que esta última cambia de manera constante. Existen avances en medicamentos y en la manera de atender los distintos males. Es por ello que cada área de la medicina se dedica a estudiar y tratar su especificidad.
Pero haber estudiado las ciencias médicas, nos ayuda a orientar el padecimiento de los consultantes de la psiquiatría y a realizar referencias. Solicitando criterios de otras especialidades.
Considero al igual que en las opiniones vertidas por algunos lectores, que la medicina debería de descentralizarse, pero esto no es un problema exclusivo de las y los profesionales de la misma. Si no que, las autoridades gubernamentales encargadas de la salud en la población guatemalteca tendrían que tomar medidas para proporcionar condiciones necesarias para que la práctica médica llegue a los lugares más remotos.
No podemos solicitar a las personas que trabajen de manera gratuita, la persona que se dedica a la medicina, si bien es cierto, ha escogido una carrera humanística. También tiene que vivir de su trabajo, sostener a su familia y aspirar a obtener recursos económicos que le proporcionen una vida digna.
No pretendo que no existan discrepancias entre lo que escribo y las opiniones de los lectores. Necesitamos procesos de cambio, está bien no decir sí a todo, es bueno cuestionar, plantear situaciones, expresar molestias y mal entendidos.
Pero los cuestionamientos a realizarse pueden ser emitidos de manera educada. Creo que no es valedero obtener comentarios sarcásticos y agresivos.
Estamos aprendiendo a conversar, y para ser escuchados debemos mantener una comunicación respetuosa. Estamos ante una gran incongruencia, cuando pedimos un país sin violencia, pero somos incapaces de expresar un lenguaje que la omita.