Algo no explicó Castro a la «Seño» Cristy


¿Bajo qué tiraní­a desearí­as vivir? Bajo ninguna, pero si fuere preciso escoger, detestarí­a menos la tiraní­a de uno solo que la de muchos; un déspota tiene siempre algunos momentos buenos, pero una asamblea de déspotas no los tiene jamás. VOLTAIRE.

Marco Tulio Trejo Paiz

Contrariamente a lo que se rumoreaba en dí­as recién pasados, Fidel Castro sigue vivito y coleando.

En la entrevista que sostuvo en las postrimerí­as de enero con la presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el «poder detrás del trono» de Cuba; de la Cuba comunista, dijo sentirse «bien»…

Sin embargo, el aspecto fí­sico del «monarca revolucionario» no es muy cristiano. En la fotografí­a que el vicecanciller cubano, Alejandro González Galeano, fue a Caracas a poner ex profeso en manos de la gobernante argentina, pues? al «padre ideológico» de Hugo Chávez se le ve tan desgarbado que ¡da la impresión de haberse convertido en un venerable carcamal!

Ya decidió don Fidel no volver a aparecer (¿ni en fotos ni en persona?) ante los ojos del mundo. ¡Por algo será!, dirá más de algún malicioso lector de La Hora.

El megalómano dictador de varias décadas dijo que ninguno de los dirigentes del partido único (el comunista) debe sentirse comprometido por sus eventuales reflexiones (artí­culos), e hizo alusión a su gravedad, incluso a su muerte…

Creen los gerifaltes comunistas que al desaparecer del mapa «Fidelio» no cambiará la situación cubana; quizá, se ha dicho, porque la masa social amaestrada de la isla no está en condiciones de discernir en cuanto a la democracia y a la dictadura tiránica, ya que, especialmente los niños, los adolescentes y los jóvenes muy jóvenes de cuando los remicheros liderados por Castro se hicieron del poder, han vivido sólo bajo el yugo dictatorial, no en el ambiente de las libertades democráticas.

Es del caso recordar que al ser desmantelado el totalitario sistema soviético por Mijail Gorbachob, ya para finalizar la pasada centuria, se vino abajo aparatosamente el mencionado sistema que habí­a sido impuesto como a sangre y fuego, no precisamente por convicción ni cosa que lo parezca. Hubo hasta hechos patibularios contra los tí­teres del Kremlin al nomás bajar la llamada «Cortina de Hierro».

Ahora los demagogos de la politiquerí­a «internacionalista», que desde entonces se mantuvieron agazapados, están aprovechando toda coyuntura que se presenta en los paí­ses, sobre todo en los paí­ses que no sueltan los caites del subdesarrollo, para asaltar el poder en cada uno (de esos paí­ses) por la ví­a electoral o por la de hecho, y parecen estar a la espera del fenómeno del Ave Fénix?

La libertad permite a esa gente, aun, conspirar contra la democracia; libertad que, por cierto, es «enemiga» de dicho sistema porque es aprovechada de mil maneras por quienes saben que en los patios del totalitarismo se corre el riesgo de una retopada que puede ser la de ir a parar con los huesos a la cárcel o a ser «ajusticiado» junto al paredón si abren la boca contra el orden establecido. ¡Nada menos!

¡Y bien! Castro nada dijo a la visitante «gaucha» respecto de los primeros años sangrientos que segaron más de 30 mil vidas de reales o supuestos opositores; nada le dijo de la abolición de la propiedad privada; nada le dijo de no permitir a los cubanos movilizarse sin tropiezos dentro y fuera de su patria; nada le dijo de los «desaparecidos» que jamás aparecieron como Camilo Cienfuegos, por ejemplo; nada le dijo del liberticidio que caracteriza al régimen calcado en el sistema que algunos intentan «resucitar» como si fuera Lázaro?; nada le dijo que tras el fracaso del movimiento remichero, entrenado y armado en sus dominios, está mandando a determinados paí­ses latinoamericanos «médicos» y «maestros» instruidos para tratar con «menjunjes» y hacerlos caer en las redes del izquierdismo recalcitrante; nada dijo, en fin, a la «seño» Cristy, acerca de lo que han denunciado, en libros y en otros medios de comunicación, Armando Valladares, Montaner, Huber Matos y otros valientes ex compañeros de acciones armadas junto a Castro en la Sierra Maestra y en otros lugares.

Se necesita estar despojados de pasiones polí­ticas y de todo género para expresar con objetividad, imparcialidad y sinceridad lo que acontece en lo nacional y en lo internacional.

Nosotros, modestos caminantes en el campo del periodismo profesional, osamos emitir nuestros juicios, a los que algunos lectores podrán considerar acertados o desacertados, pero diremos que nos basamos en lo que vamos captando y acumulando a través del conocimiento que posibilitan los libros, los periódicos, las revistas, la radio, la televisión y el trafagar (en diversas latitudes), puesto que somos ojos y oí­dos hacia los cuatro puntos cardinales. Actuamos al paso de la soberana actualidad.