Alexis


En el transcurso de la vida uno construye héroes sin los que quizá no se crecerí­a ni recibirí­a inspiración para alcanzar sus propias metas. Yo he tenido muchos, mi padre en mi infancia, los santos cristianos en mi adolescencia y otros tantos que comprenden a Gandhi, Luther King y hasta a Alexis Argí¼ello.

Eduardo Blandón

Lo malo de la vida, entre tantas cosas infelices que acaecen, es que con el tiempo los í­dolos también caen. Así­, un dí­a desmitifique a mi padre y descubrí­ su pobre humanidad, supe que algunos santos más bien eran enfermos dignos de la mejor terapia y que los mejores también tienen su lado flaco. Es una pena llegar a esta conciencia, porque nada más fascinante que vivir en el mito y creer en superhombres y dioses.

Evidentemente no todos los í­dolos caen con estrépito. Mi padre sigue siendo aún, con todas sus rarezas y mezquindades, mi gran amigo y sigo admirando lo que en él hay de rescatable. Pero hay otras figuras que caen de manera bochornosa y vergonzosa porque eran sólo una invención nuestra o porque ellas mismas se encargan de desvirtuar aquello que se miraba como excepcional.

En la categorí­a anterior es que cae mi vieja admiración, por ejemplo, por Alexis Argí¼ello. En mis años de infancia era mi favorito por muchas razones: por su condición fí­sica, su capacidad batalladora, su humildad, su nacionalidad, por su talento innato… En fin, cada dí­a me inventaba un atributo más a un ser que con los dí­as evolucionaba y alcanzaba el cielo. No es raro, por todo lo dicho, que me haya indignado con el gobierno sandinista cuando recién llegaron al poder en 1979, y no obstante pertenecer yo a la Juventud Sandinista, le confiscaron (así­ se decí­a en aquel tiempo) sus propiedades. Se le acusaba de somocista y se le ninguneaba como a cualquier vil guardia nacional.

Nunca dejé de admirarlo hasta que, quizá por falta de dinero, ignorancia real o idiotez fingida se enroló con sus antiguos adversarios: el Frente Sandinista y Daniel Ortega. Llegó a ser vicealcalde y con su prestigio de boxeador profesional ahora quiere ser Alcalde de Managua. Yo tení­a dí­as de no verlo hasta que por milagros del Internet lo vi en una entrevista hecha para un canal de televisión. El hombre da lástima, no dice sino generalidades, ignora la historia del paí­s y aflora generosamente por su boca un discurso populista de cuarta categorí­a.

Los nicas resentidos ahora dicen celebrar la arrastrada que le pegó Aaron Pryor en su última pelea decisiva para conseguir otro cinturón. Es más, ahora dicen que Eduardo Montealegre será el nuevo Pryor que lo pondrá en la lona. ¿Cómo es que un hombre con tanto prestigio, admiración y cariño puede llegar a morder el polvo y convertirse en un paria? La entrada de Alexis al mundo de la polí­tica de mano de un partido con vocación dictatorial es su pasaporte al panteón de los olvidados.

Como se ve, los í­dolos caen y algunos de manera demasiado ruidosa. Pobre Alexis, tantos golpes no hacen sino suponer que perdió neuronas y sentido crí­tico a granel. Por este lado y para no quedar huérfanos de héroes, podemos exculparlo y recordar aún con cariño al «flaco explosivo» de aquellos tiempos. Mejor vivamos de recuerdos.