Sin duda alguna es lamentable la situación actual de algunos de los departamentos que están sufriendo por los desastres del movimiento telúrico del miércoles 7 de este mes. Quiero empezar en este espacio mostrando mi total solidaridad con los afectados y mis más sinceras condolencias a las personas que han sufrido la pérdida de alguno o algunos de sus seres queridos.
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En tiempos difíciles se conoce la verdadera fuerza del corazón, y es con apoyo y solidaridad hacia los nuestros como se debe mostrar el verdadero nacionalismo y el amor por nuestra Patria. Ser guatemaltecos va más allá de utilizar la camisola de la selección un domingo, sentir emoción cuando se entona el Himno Nacional fuera de nuestras fronteras; ser un verdadero guatemalteco es saber apoyar, respetar y dar de sí para los nuestros, a aquellas familias que en estos momentos necesitan una mano amiga.
El miércoles siete, día en que ocurrió el terremoto, yo estaba dando cobertura a un evento en Palacio Nacional. Con unos amigos de la fuente esperábamos a que ministros, secretarios y figuras de la política salieran del Salón de las Banderas para poder cumplir con nuestro trabajo, cuando el sismo empezó a sentirse fuertemente; muchos empezaron a hacer llamadas a sus oficinas y a sus casas para mantenerse informados. Yo, como un día lo pensé y lo dije, empecé a tomar fotografías y a grabar video. Luego, con otros compañeros decidimos salir del edificio para poder tener una mejor expectativa de la magnitud del sismo, en relación a la reacción de la gente, y todo parecía normal hasta que nos percatamos de que en un edificio público cercano al palacio la gente estaba afuera; nuestra reacción fue ir a ver que las personas estuvieran bien, poder documentar de forma noticiosa la evacuación dirigida por una comisión especial encargada de organizar a la gente. Mucho estaban llorando, otros con la presión baja, y muchos otros con la desesperación de querer comunicarse con sus familiares.
Todo esto ocurría sin imaginar que minutos más tarde la realidad del país sería otra: un duelo nacional por los desastres que la naturaleza había provocado. Es una experiencia complicada y muy dura ver cómo hay gente que día a día está al borde del peligro viviendo en las orillas de los barrancos y debajo de los puentes. Sin duda, en el caso de un sismo es la gente que está propensa a perder lo poco que tiene.
Viendo el sismo como una experiencia crítica a nivel nacional, debemos hacer conciencia de que la vida es una sola; debemos actuar de forma transparente y correcta; debemos aprovechar a valorar un sentimiento puro y real de las personas que tenemos a nuestro lado; debemos dejar caer el orgullo para ver más allá lo que realmente tenemos y poderlo vivir de la mejor manera.
Es satisfactorio ver cómo muchísima gente se acerca a los centros de acopio para hacer sus aportes, e incluso para ofrecerse como voluntarios de ayuda. Unámonos como una sola nación y demostrémonos a nosotros mismos de qué calidad estamos hechos, no nos quedemos solo en palabras, actuemos, pues hoy estamos ayudando, mañana podemos ser nosotros mismos quienes necesitemos la ayuda.