Después de perder el contacto con su familia biológica durante 27 años, a causa de la guerra interna, Juan Gómez Hernández se reencontró con su primo hermano, Juan Gómez Jiménez, en una emotiva reunión.
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Cristiano Gómez junto con su esposa Concepción Hernández y sus hijos tenían una vida tranquila en la aldea Kaibil Balam ubicada en Ixcán, Quiché; se dedicaban a la agricultura, crianza de animales de corral y procesamiento de cal, para poder subsistir.
Sin embargo, la tranquilidad terminó en noviembre de 1980, cuando un grupo de soldados, miembros del Ejército Nacional, irrumpieron en la aldea, asesinando a los pobladores y quemando las humildes viviendas.
Pocas personas consiguieron escapar de los ataques militares, entre ellos el hijo de Cristiano, Juan Gómez Hernández, sus hermanos y su madre, que al regresar a la comunidad constataron la muerte de su padre, que había sido calcinado en el horno de cal, junto a otros familiares.
Los constantes ataques del Ejército en las zonas rurales agudizaron el clima de violencia, lo cual obligó a la familia a buscar refugio en la Comunidad de Población en Resistencia en Quiché; no obstante la persecución continuó y cada miembro de la familia huyó a México en forma independiente.
Gómez Hernández tenía aproximadamente 14 años cuando se refugió en el estado de Chiapas, México, mientras que Gómez Jiménez se encontraba en Campeche.
El reencuentro
Después de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1996, miles de familias afectadas por el conflicto armado retornaron a Guatemala. Gómez Hernández fue ubicado en la comunidad La Resurrección Balam de Cobán, Alta Verapaz; al estar instalado en su nuevo hogar, solicitó ayuda al Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) para reencontrar a su familia.
El trabajo de investigación realizado por el GAM y la Cruz Roja Internacional finalizó cuando se localizó a Juan Gómez Jiménez, quien después de su regresó había sido instalado en la comunidad Nuevo México, San Vicente Pacaya, del departamento de Escuintla.
En las oficinas del GAM, los primos se reencontraron y tuvieron la oportunidad de conocer a sus familiares, además de conversar sobre los hechos sucedidos en el pasado, que les recordaron el asesinato de sus familiares y amigos
Continúa la búsqueda
Pese a estar emocionado por el reencuentro con su primo, Gómez Hernández aseguró que continuaría la búsqueda de sus familiares desaparecidos, así como de los restos de su padre y madre, que fallecieron durante la guerra civil.
«Para mí es un gusto saludarlos y agradecerles por el reencuentro, porque no había visto a mi primo desde hace casi 28 años» dijo Gómez Hernández.
Nicolás Escalante Lucas, quien auxilió a Gómez Hernández durante su refugio en Quiché, indicó que el Estado de Guatemala deberá resarcir a las víctimas del conflicto por los daños irreparables que ocasionó el Ejército, especialmente en comunidades del occidente, donde la mayoría de la población es indígena.
Mario Polanco, director del GAM, aseguró que desde 1997 se ha conseguido reunir en ocho ocasiones a familias separadas por el conflicto armado interno; sin embargo, indicó que se desconoce la ubicación de 45 mil personas movilizadas por la violencia durante la década del 80, «casos que también deberán ser investigados», indicó.