Al rescate del aceite de freí­r


Los europeos buscan que el aceite sea comercializado en el extranjero y enviado a Suiza, Bélgica y Gran Bretaña para ser transformado en carburante de automóvil.

Mientras Jean-Claude Joseph transforma un BMW en su taller de Imbsheim para que pueda desplazarse a base de aceite de freí­r, se multiplican las iniciativas en Francia para sacar de la marginalidad a este carburante.


El patrón de Metheco, «dieselista desde hace 40 años», importa y monta kits de transformación de aceite vegetal para automóviles por un precio de 570 euros más gastos de instalación.

A pesar de una clientela mayoritariamente joven y motivada por el interés económico, dice que el negocio no es floreciente. Unas prensas de aceite compradas por unos 30 agricultores tentados por lo que parecí­a hace unos años un nuevo Eldorado siguen esperando en una paleta.

El Estado francés se resiste a aplicar una directiva de 2003 relativa a los biocarburantes, por considerar ilegal todaví­a el uso del aceite vegetal fuera de una explotación agrí­cola autoproductora.

Sin embargo, en un contexto marcado por la subida de los precios de la gasolina, los aceites desechables siguen encontrando compradores entre las empresas con sensibilidad ecológica.

En Maxeville, cerca de Nancy, la jovencí­sima empresa Lorrainergies se va a encargar a partir de septiembre de la recogida de aceite de freí­r usado en un centenar de restaurantes y comedores de Metz y Nancy.

En ausencia de reglamentación en Francia, una vez filtrado, el aceite será comercializado en el extranjero y enviado a Suiza, Bélgica y Gran Bretaña para ser transformado en carburante de automóvil. Los creadores de Lorrainergies se han marcado el objetivo de 50.000 litros mensuales de aquí­ a tres años.

«Partimos del principio de que se trata de un aceite salido de la biomasa, que por lo tanto contamina menos que un carburante surgido de la energí­a fósil», explica Pascal Renaud, cofundador de la empresa.

La idea no es nueva. En Marsella, la asociación «Roule ma frite», creada en 2005, sigue recogiendo los aceites usados, 1.500 litros por semana. Una vez filtrado, se vende a unos 1.500 miembros «concernidos por el medio ambiente», que circulan con sus coches de forma ilegal.

Precio del litro: 65 céntimos de euro, 40 céntimos si la persona trae el aceite usado.

«Antes que nada, se trata de una alternativa ecológica, no económica», estima Catherine Nieuwenhoven, directora de la asociación, que después de Lyon y Oleron tiene previsto abrir nuevos centros en Francia.

La Ademe (Agencia del Entorno y para el Control de la Energí­a) reconoce que el aceite de freí­r es «un carburante económico que presenta la ventaja de ser renovable», pero «no es limpio», según el ingeniero de transportes Mikael Lux.

«Entre los productos procedentes del refinado del petróleo, el aceite de freí­r se acerca más a productos pesados como el betún y la parafina», explica, una razón suficiente para que no figure en la lista del código de las aduanas de las sustancias que se queman en un motor.

Mientras tanto, el alsaciano Jean-Claude Joseph, un tanto escéptico acerca del futuro del aceite en Francia, piensa marcharse como voluntario humanitario a Africa o Vietnam para instruir a las poblaciones en la transformación de la jatrof, una planta de las regiones semiáridas, llamadas a veces «oro verde», porque produce un aceite de virtudes comparables a las del diésel.

«En la otra punta del mundo, me están esperando», asegura.