Miles de habitantes del este de India huyeron de esa zona tras un estallido de violencia confesional entre hindúes y cristianos que causó al menos diez muertos en cinco días y que fue «firmemente» condenado por el Papa.
«La situación es, evidentemente, muy tensa pero bajo control», dijo hoy Satyabrata Sahu, administrador del departamento de Kandhamal, a 300 km de Bhubaneswar, la capital del estado de Orissa, escenario habitual de enfrentamientos interreligiosos y tensiones sociales.
Un balance oficial estableció los muertos en diez, pero otras fuentes gubernamentales señalaron 16 víctimas mientras que la Conferencia Episcopal India habló de 13 muertos.
Un total de 167 personas fueron arrestadas desde el domingo después de unos disturbios en los que se incendiaron 500 casas, 25 lugares de culto cristianos y decenas de vehículos, según las autoridades locales.
Por el momento se desconocía si los enfrentamientos entre hindúes y cristianos proseguían el jueves, pero «1.500 personas de ambas comunidades fueron socorridas por la policía», indicó Sahu.
«Abrimos refugios y suministramos comida a la gente que huyó de sus casas», explicó.
Algunos testigos declararon que otros 1.500 habitantes del lugar huyeron a los bosques cercanos o acamparon ante las comisarías de policía por temor a ser asesinados.
El gobierno federal indio se declaró el miércoles «extremadamente preocupado» y dio la orden de «disparar» a 2.000 policías antidisturbios para reprimir unas «violencias» consideradas como «sin precedentes» por los obispos indios.
Los asesinatos de un dignatario del Consejo Mundial Hindú (Vishwa Hindu Parishad, VHP), Swami Laxmanananda Saraswati, y cuatro de sus compañeros desencadenaron los enfrentamientos el sábado pasado.
La policía apuntó a los rebeldes maoístas activos en Orissa pero los hindúes acusaron a los «cristianos».
Asimismo, dos personas murieron el lunes en varios actos de venganza del VHP y del Partido Nacionalista Hindú BJP (Bharatiya Janata Party, oposición).
El papa Benedicto XVI reaccionó el miércoles condenando «con firmeza los ataques a la vida humana» en India, al tiempo que hizo un llamamiento al fin de la violencia religiosa «que causó varios muertos».
Asimismo, el ministerio italiano de Relaciones Exteriores tiene previsto convocar al embajador de India en Italia para recordarle la necesidad de una «acción decisiva» para prevenir y reprimir la violencia religiosa.
El dignatario hindú asesinado hacía campaña contra las «conversiones forzadas» al cristianismo de hindúes de la casta más baja, los «intocables», y de miembros de las tribus, que están discriminados en el país.
«Existe absolutamente un factor «castas» en esos enfrentamientos», reconoció Babu Joseph, portavoz de la Conferencia Episcopal de India.
La historia de India está jalonada de violencias interconfesionales, sobre todo entre hindúes y musulmanes. Los cristianos sólo son un 2,3% de los 1.100 millones de habitantes del país.