Al final, solo



Durante varias semanas, el presidente del Banco Mundial (BM), Paul Wolfowitz, luchó por su puesto, pero al final toda resistencia fue en vano.

Cuando la presión internacional por las acusaciones de nepotismo fue demasiado, tomó incluso distancia el último aliado de Wolfowitz, el presidente estadounidense, George W. Bush. Entonces quedó claro: el ex subsecretario de Defensa norteamericano, arquitecto de la guerra de Irak y pensador neoconservador, ya no podí­a sostenerse al frente de la organización de ayuda al desarrollo.

Al final, sólo se trataba de que la junta directiva lo formulara adecuadamente para conservar al menos la apariencia de una salida digna para el funcionario de 63 años.

Una de las banderas de Wolfowitz durante sus dos años de mandato fue la lucha contra la corrupción a nivel mundial. Por eso el escándalo en torno al ascenso de su novia fue aún mayor. Los empleados del BM con «relaciones sentimentales» no pueden, según los estatutos de organismo, mantener relaciones de dependencia profesional, por lo que Wolfowitz gestionó el traslado de su novia de 52 años, que también trabajaba en el BM, incluyendo un generoso aumento de salario de 36 por ciento hasta los 180.000 dólares anuales y un crecimiento garantizado de ocho por ciento anual.

Aunque Wolfowitz admitió a mediados de abril haber cometido un error con su intervención en la negociación salarial, sus enemigos ya habí­an tomado posiciones. Sobre todo los europeos en la junta directiva no tení­an dudas de que insistirí­an en la renuncia del «halcón».

Cuando a todos les quedó claro que Wolfowitz ya no era sostenible, fue sobre todo Estados Unidos quien se preocupó de que la junta directiva formulara una declaración cuidadosa, para que la salida del hombre de confianza de Bush no resultara demasiado lamentable frente a la opinión pública.

La declaración de una página de la junta señala el «agradecimiento» por los servicios brindados por Wolfowitz al BM y señala que se avanzó mucho en los últimos dos años y que el «sentido de obligación y responsabilidad» fue el que llevó a Wolfowitz a renunciar el jueves. «Agradecemos al señor Wolfowitz su liderazgo del Banco Mundial en numerosos sectores», indica el comunicado, que según empleados del banco fue el resultado de arduas negociaciones sobre las palabras a emplear.

Cuando el director ejecutivo alemán del BM, Eckhard Deutscher, poco después del anuncio de renuncia se encontró con los periodistas, en cambio, el asunto sonó de otra forma. Afirmó que Wolfowitz se hizo insostenible, que autorizó declaraciones falsas sobre la situación en la prensa, que luchó por su puesto sin importarle los daños para el banco y que violó las reglas de confianza del directorio. Aunque en el comunicado la junta directiva afirma que le cree a Wolfowitz cuando dice que actuó de buena fe, Deutscher señaló: «en realidad no lo creí­mos».