Al embajador McFarland


La Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG) declara: «Los Estados Unidos no pueden revertir los experimentos del decenio de 1940; pero pueden hacer un esfuerzo de buena fe para compensar el daño que infligió a Guatemala».

Ing. Raúl Molina Mejía
rmolina20@hotmail.com

El 1 de octubre, el mundo se sorprendió al leer el titular: «EE.UU. se disculpa con Guatemala por experimentos de enfermedades de transmisión sexual». De 1946 a 1948, «médicos estadounidenses de salud pública deliberadamente infectaron con enfermedades venéreas a unos 700 guatemaltecos…» (NY Times). El presidente ílvaro Colom llamó a esto «crimen de lesa humanidad» y una autoridad médica estadounidense lo calificó como «un capí­tulo oscuro en la historia de la medicina».

Esta acción indignante es sólo uno en la cadena de daños morales y materiales que los Estados Unidos han infligido a Guatemala durante los últimos 100 años. En el siglo XX, dicho gobierno ayudó a la United Fruit Company (UFCO) a transformarse en el «Papa Verde», verdadero pulpo con tentáculos en todos los ámbitos de la economí­a y la polí­tica del paí­s. En 1954, Washington intervino directamente en Guatemala para cercenar la «Primavera Democrática», producto de la Revolución de Octubre de 1944, precisamente, entre otras cosas, para restablecer los privilegios de la UFCO. El derrocamiento de Jacobo Arbenz marcó el comienzo de la represión estatal y llevó a los movimientos de resistencia armada. Después de 36 años, la represión sólo se detuvo con la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera entre el gobierno y los insurgentes, el 29 de diciembre de 1996.

Durante esta larga pesadilla, de 1954 a 1996, las fuerzas armadas y la inteligencia de los Estados Unidos utilizaron a Guatemala como un campo de pruebas para la guerra contrainsurgente. La tortura y las ejecuciones extrajudiciales se convirtieron en hechos cotidianos y Guatemala se convirtió en el primer paí­s de América Latina en donde la «desaparición forzada» se constituyó en herramienta de contrainsurgencia (45 mil desaparecidos). Washington apoyó a los sucesivos gobiernos militarizados, que dejaron un saldo de 200 mil muertos. Según la Comisión de Esclarecimiento Histórico, se perpetró genocidio en Guatemala al mismo tiempo que el Presidente Reagan saludaba las polí­ticas y acciones de Rí­os Montt, lí­der de facto.

La RPDG afirma: «El Presidente Clinton reconoció las polí­ticas destructivas de sus predecesores y se disculpó por ellas… También hemos oí­do la apologí­a de la Administración Obama por los experimentos médicos del decenio de 1940. Pero, pedir disculpas no es suficiente». La RPDG sugiere: a) El Gobierno de los Estados Unidos debe establecer un fondo para la justa indemnización de las ví­ctimas de los experimentos y sus familias; b) Asimismo, como gesto de buena voluntad, debe responder de manera positiva a la solicitud presentada por el Gobierno de Guatemala de conceder el TPS para los guatemaltecos que se encuentran en ese paí­s; c) El presidente Obama deberí­a considerar una especie de «Plan Marshall» para el desarrollo, que muchos en Centroamérica y la comunidad internacional esperaban que se implementara al final de las guerras internas de la región. De hecho, un plan así­ es probablemente la única manera de reducir la migración de Mesoamérica hacia los Estados Unidos.