Al diablo las ideologí­as; prevalece la Carta de la OEA


Para quienes sostienen que ya se acabaron las ideologí­as luego del derrumbe de la Unión Soviética, basta ver la forma apasionada en que se aborda el tema del conflicto entre Ecuador y Colombia para entender que lo que sigue siendo determinante es el enfoque ideológico del tema. Quienes simpatizan con los Estados Unidos y las posiciones más conservadoras aplauden la acción de Colombia al realizar una agresión contra Ecuador so pretexto de que fue una acción punitiva contra grupos terroristas, mientras que los simpatizantes de Venezuela y de posiciones de izquierda, condenan al gobierno de Uribe por actuar a imagen y semejanza del de Bush.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

La verdad es que el tema no puede ser objeto de una discusión en el marco de las discrepancias ideológicas porque existe una normativa elemental del derecho internacional que es la aplicable para dirimir este conflicto. La Carta de la Organización de Estados Americanos en sus artí­culos 15, 19, 21, 22, 28 y 29, para citar apenas algunos de los más relevantes, establece de manera absoluta el concepto de la integridad y soberaní­a territorial de los Estados, prohibiendo a cualquiera de sus miembros violentar la de otros Estados. Si la Organización de Estados Americanos no puede aplicar al pie de la letra las normas aprobadas por todos los Estados miembros para garantizar la soberaní­a, no tiene en realidad ninguna función que cumplir en el concierto regional porque basta ver que los mencionados artí­culos están al principio de la Carta para entender que forman parte de la esencia misma del sistema interamericano.

Las ideologí­as son las que hacen que se califiquen de manera distinta las acciones de los grupos alzados en armas. Los Contras que organizó Estados Unidos en Nicaragua fueron llamados «luchadores por la libertad» por la Casa Blanca, a pesar de que utilizaban actos de terrorismo para derrocar a los sandinistas. Mientras Israel considera terroristas a los militantes de Hezbolá y Hamas, los palestinos los consideran la vanguardia de la lucha por la liberación de su patria. En Guatemala el Ejército siempre calificó como terroristas subversivos a los miembros de la guerrilla que se consideraban luchadores por un cambio revolucionario. Desde ese punto de vista algunos hablarán de las FARC como narcoterroristas y otros, como Chávez, les querrán asignar categorí­a de fuerza beligerante. Pero si en ese campo es cabalmente la ideologí­a lo que determina el fondo del debate, en el tema de la integridad territorial y el respeto a la soberaní­a de los Estados no cabe ese tipo de reflexión, sino que tiene que actuarse con apego a la letra de la norma del derecho internacional.

En otras palabras, lo ocurrido en territorio ecuatoriano con el ataque de las fuerzas armadas de Colombia no es tema para el debate polí­tico sino es parte de la discusión de juristas sobre las normas elementales de la convivencia pací­fica entre las naciones. Si Colombia, manteniendo relaciones diplomáticas con Ecuador, tení­a quejas respecto al comportamiento de sus vecinos en cuanto a la presencia de las FARC, debió agotar la ví­a diplomática para resolver ese problema en particular, pero no realizar un ataque inspirado en las teorí­as de la legalidad de ataques preventivos.

Entiendo que no se despolitizará la discusión y que entre los lectores habrá esa dicotomí­a de quienes por razones ideológicas critican a Colombia y de quienes por idénticas razones aplauden a Uribe. Pero es irresponsable comprometer todo el sistema interamericano en medio de esa disputa ideológica, cuando es tan claro el sentido de la Carta de la Organización de Estados Americanos cuando dice, en su artí­culo 28, que «Toda agresión de un Estado contra la integridad o la inviolabilidad del territorio o contra la soberaní­a o la independencia polí­tica de un Estado americano, será considerada como un acto de agresión contra los demás Estados americanos.» No hay la menor salvedad en el artí­culo ni excepción alguna, puesto que la misma Carta desarrolla los procedimientos que hay para dirimir conflictos como el que se tipifica con el apoyo que Colombia ve en Ecuador hacia el grupo señalado de terrorista.

Debemos preguntarnos cómo reaccionarí­a la comunidad internacional si Chávez, so pretexto de que en territorio colombiano están financiando y ayudando a los enemigos de su gobierno, realizara un ataque preventivo en contra de sus supuestos adversarios en el vecino paí­s. Y menciono a Chávez porque es el otro polo de Uribe y marca cabalmente la diferencia ideológica. Ni Chávez tendrí­a derecho a un ataque de esa naturaleza, ni Uribe lo tuvo cuando ordenó a su Ejército la incursión en Ecuador.

Cualquier paí­s con elemental dignidad hará valer los derechos que le confiere la Carta de la OEA para asegurar la soberaní­a e integridad del territorio. Hace falta ser vejigas y tener fuerzas armadas como las nuestras para tolerar que la soldadesca de Belice entre al territorio guatemalteco y ataque a ciudadanos de este paí­s.

No es cuestión del tamaño de las fuerzas armadas de un paí­s sino del elemental respeto a las normas de la convivencia pací­fica entre las naciones. Hoy el iluminado que se siente el adalid contra el terrorismo es Uribe, pero el dí­a de mañana, si aceptamos el precedente, podrí­a ser Chávez o cualquier otro quien se sienta iluminado para atacar a quienes considere fuerzas del mal, parte del algún eje diabólico o cosa por el estilo. El mundo no pude tolerar esos procedimientos ni la OEA subsistir si no es mediante el fiel cumplimiento de las normas elementales del derecho internacional y por ello resulta tan importante sacar del contexto del debate ese ingrediente ideológico que nos viene a confirmar que son pajas e ilusiones eso de que vivimos en la era del fin de las ideologí­as.