Ajuste a las adversidades


Eduardo_Villatoro

Quienes asomen sus ojos en el libro autobiográfico de Edmin Francisco López tengan la seguridad que no van a encontrar una obra literaria adornada de figuras retóricas que causen honda impresión estética; pero probablemente se van a asombrar de recorrer con su vista la historia de un indígena marquense cuyo destino aparentemente estaba marcado para seguir la huella de sus ancestros, especialmente de su padre: cultivar maíz, fríjol, papas y criar gallinas y marranos en su pequeña propiedad o en terrenos arrendados, así como viajar a la Costa Sur en época de cosecha de café y vacaciones escolares, para ganar miserables salarios a fin de subsanar necesidades domésticas.

Eduardo Villatoro


El patojo que nació en la aldea San José El Cedro, San Pedro Sacatepéquez, en el hogar de tres hermanos más, en octubre de 1975, apenas tenía la oportunidad de cursar los primeros tres años de primaria y con algunas dificultades obtener el diploma de sexto grado; pero como el mismo autor de <Lecciones de vida en primera persona>puntualiza en el prefacio de la obra editada con los auspicios de Fraternidad Shecana “La motivación más grande para nuestra superación debe salir de nosotros mismos; cualquier fuerza externa puede colaborar, pero no hay nada como la voluntad propia para vencer obstáculos”.

La historia de Pancho o Chico no tendría ninguna relevancia si hubiese sido hijo de acomodada familia urbana, y mi propósito no es resumir más que a grandes rasgos las etapas de su vida, sino resaltar los desafíos que tuvo que enfrentar y superar desde su niñez hasta su juventud para alcanzar los objetivos que se propuso en su afán de sobreponerse a la pobreza, la ignorancia y la exclusión, como millones de familias guatemaltecas, especialmente indígenas y del área rural.

 Afortunadamente, este niño, empecinado en alcanzar metas accesibles a cualquier infante de la clase media, tuvo el apoyo, a veces un poco reticente de sus padres, y de sus maestros de primaria, inicialmente, y más tarde de los catedráticos suyos en el Instituto Normal Mixto de Occidente (INMO, en la ciudad de San Marcos, y no desmayó en sus aspiraciones, en medio de limitaciones de variada índole, básicamente económicas.

 Con abundancia de tropiezos Pancho se graduó de maestro de educación primaria, porque no tenía otra opción en su proyecto interior de alcanzar un espacio en las aulas universitarias. Cuenta las peripecias y carencias de niño y adolescente; pero sin amargura ni resentimientos, sino que, todo lo contrario, recuerda esos períodos con intensa añoranza, sobre todo al remontarse a las costumbres sociales, culturales y religiosas de su comunidad, puesto que disfrutó cada vivencia con su familia y sus paisanos.

Realmente, el profesor López aspiraba a convertirse en promotor de producción agrícola, fundamentalmente si devenía en ingeniero agrónomo; pero la Providencia, después de proveerlo de bolsas de estudio en la secundaria, guió sus pasos para que, sin proponérselo específicamente, le concedieran una beca para realizar estudios en Estados Unidos que lo erigieron en sobresaliente ingeniero petrolero que ha recorrido el mundo, después de que, en el ínterin, un cáncer estuvo a punto truncar su vida.

Reside en Lafayette, Louisiana, con su esposa colombiana, pero no se olvida de su aldea, de sus padres y coterráneos. Frecuentemente los visita y apoya proyectos comunitarios en San Pedro.

(Romualdo Tishudo quedó encantando con esta frase de Edmin Francisco: -No cabe duda que los chapines somos pilas).