China quedó aislada en el tema de la política nuclear iraní después del viraje efectuado por Rusia -que admitió la posibilidad de nuevas sanciones contra Irán- y podría, al final, aceptar un texto de alcance limitado a cambio de concesiones occidentales.
La diplomacia china se opone tradicionalmente a la política de sanciones, pero podría aceptar una resolución suavizada del Consejo de Seguridad de la ONU, que le permita salvaguardar su imagen y, al mismo tiempo, proteger sus intereses petroleros en Irán, estiman los expertos.
China trata «efectivamente de aminorar (…) el impacto de las sanciones que puedan ser finalmente adoptadas», estimó Sarah Raine, sinóloga en el International Institute for Strategic Studies.
«La cuestión, desde el punto de vista de China, es asegurarse que esas sanciones tengan un efecto mínimo para sus intereses», dijo Raine.
China votó las tres precedentes resoluciones de la ONU contra su aliado -en 2006, 2007 y 2008- pero actualmente es el único de los cinco miembros permanentes del Consejo de seguridad opuesto a nuevas sanciones contra Irán.
El lunes, en París, el presidente ruso Dmitri Medvedev expresó su acuerdo para nuevas sanciones contra Irán, con la condición que estén bien «centradas» y que «no afecten a la población» iraní.
Es la primera vez que Rusia se pronuncia tan claramente en favor de nuevas sanciones contra Irán por su polémico programa nuclear.
Los occidentales sospechan que Irán quiere dotarse del arma atómica bajo cobertura de su programa nuclear civil, lo que Teherán desmiente.
Rusia, que hasta ahora había dicho preferir la vía de la negociación, al igual que China, comenzó a manifestar su impaciencia cuando Irán decidió enriquecer el uranio hasta un 20%.
China que dispone también de un derecho a veto en el Consejo de Seguridad, reafirmó el martes que quedaba «una posibilidad para los esfuerzos diplomáticos», como lo ha repetido durante las últimas semanas.
«A China no le gusta encontrarse bajo los proyectores, pero no está tan incómoda como Washington hubiera deseado», estimó Sarah Raine.
La semana pasada, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, dijo que esperaba una resolución de la ONU que condenara las actividades nucleares de Irán en «los 30 o 60» próximos días.
Pero el lunes pasado se mostró menos categórica, dando a pensar que el plazo podría ser más bien una cuestión de varios meses, el tiempo necesario para convencer a China.
Estados Unidos e Israel presionaron a China, enviando recientemente delegaciones de alto nivel.
«Para los chinos, no puede haber sanciones de largo alcance», dijo Willem van Kemenade, autor de un libro sobre las relaciones entre Irán, China y Occidente.
«Esto no funciona porque los chinos son mas bien circunspectos» sobre el perfil militar del programa nuclear de Irán, agregó.
No obstante, Pekín no está dispuesto a sacrificar sus intereses superiores por Irán, aún cuando este país es su tercer proveedor de petróleo y si los grandes grupos chinos están bien ubicados en el sector de hidrocarburos a la espera de que la situación de ese país se clarifique.
«China tiene grandes volúmenes comerciales con Estados Unidos, Europa y Japón, cuando el intercambio con Irán implica sólo 20.000 millones de dólares por año», destacó Zhu Weilie, especialista del Medio Oriente en la Shangai International Studies University.