Los «empresarios» del transporte urbano no tienen que afrontar las consecuencias del alza en el precio del combustible porque ellos entregan las unidades a sus pilotos a cambio de una cantidad fija que tienen que pagarles puntualmente día a día. Los pilotos no devengan sueldo alguno sino que tienen que recaudar lo suficiente para pagarle al dueño, para abastecerse de combustible y para asegurar su ingreso diario más lo que decidan cobrarle como extorsión los pandilleros en la ruta, todo lo cual explica perfectamente por qué el sistema está basado en pura chatarra carente de mantenimiento.
Donde realmente ganan los «empresarios» es con el subsidio que va directo a su bolsa, trabaje o no el autobús, y con la publicidad que se ha convertido en un ingreso adicional. De hecho le han bajado el cobro diario a los pilotos, lo que ha permitido que sigan operando las unidades pero cada nuevo aumento al precio del diésel se convierte en un duro golpe para el sistema porque quien está haciendo frente al problema es el conductor del bus que sufre la escalada de costos, entre los que se tiene que incluir el aumento de la «tarifa» de las maras porque ellos también reaccionan ante el alza general de precios.
La vulnerabilidad del acuerdo alcanzado entre los gobernantes y los «empresarios» de buses está en que los dueños de las unidades no son los que sufren el alza del diésel, puesto que ellos no tienen que lidiar con más costo que el de ir periódicamente a Finanzas a tramitar la asignación del subsidio. Por eso la pregunta tiene que ser hasta cuándo podrán aguantar los pilotos con los aumentos del diésel, puesto que tarde o temprano serán ellos y no los «empresarios» quienes dejarán de operar porque el negocio deja de serles rentable.
Cuando un piloto se detiene durante varios minutos para dar tiempo a que los trabajadores que salen de alguna fábrica u obra en construcción aborden el bus, no lo hacen por su buen corazón sino por razones de rentabilidad pues tienen que rellenar los autobuses para que el viaje no les resulte en pérdida. Y cuando empiezan a cobrar fuera de tarifa antes del horario que ha autorizado la Municipalidad no lo hacen porque tengan mal corazón, sino porque de lo contrario pasan el día trabajando para pagarle al dueño del bus, para pagar el combustible y las extorsiones, sin que le quede nada para llevar para el gasto de la casa. En el sistema sólo ganan los «empresarios» gracias a la cándida política del subsidio que constituye la garantía de que el servicio jamás será mejorado y que el calvario del usuario seguirá eternamente… O hasta que al piloto ya no le salgan las cuentas.