Guatemala es el país que presenta los más altos índices de desnutrición en América Latina y el Caribe, con un déficit que alcanza casi a uno de cada cuatro niños menores de 5 años y una cortedad de talla que es de cerca de la mitad de la población. Adicionalmente, es uno de los tres países del Continente que presentan un incremento de la subdesnutrición, y uno de los que registra mayores índices de pobreza e indigencia.
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Esas oraciones no son creación mía sino que corresponden al documentado Análisis del Impacto Social y Económico de la Desnutrición Infantil en América Latina, preparado conjuntamente por el Programa Mundial de Alimentos y la Comisión Económica para América Latina, agencias, ambas, de las Naciones Unidas, cuyo informe convendría que llegara a manos del fascistoide señor Minando, un individuo a quien le asiste el derecho de publicar una columna semanal en elPeriódico; pero para quien todos los que abordamos en nuestros espacios mediáticos problemas de analfabetismo, ignorancia, explotación laboral, defensa de los recursos naturales, violencia intrafamiliar, marginación de género, exclusión y discriminación racial, entre otros temas sociales, sólo somos un remanente histórico del totalitarismo soviético. Aunque lo dice muy burdamente. Y dudo que tenga capacidad de comprensión del mencionado análisis.
Pero volviendo a lo que presumo que interesa a mis lectores, traigo a cuenta que conforme la última estimación disponible, el 22.27 de los niños de 1 a 59 meses de vida, presenta desnutrición en categorías de moderado y severo, de bajo peso para su edad; mientras que en el caso de los recién nacidos, trece de cada cien menores registran bajo peso al nacer, y siete de cada cien tiene restricción de crecimiento intrauterino. Estos porcentajes ubican a Guatemala dentro de los países con mayores incidencias altas en el área.
En lo que corresponde a la evaluación del riesgo de desnutrición durante los primeros años de vida, tal como lo subrayan distintos estudios en la región, el problema en Guatemala tiene una fase de crecimiento significativo durante los primeros 24 meses de vida, llegando al 30 %.
Como es una constante que ocurra, debo consignar que la población guatemalteca más vulnerable la integran los menores indígenas que viven en zonas rurales, sin que esto implique olvidar los altos volúmenes de población desnutrida en la periferia de los centros urbanos.
Siempre en conformidad con el informe de la CEPAL y el Programa Mundial de Alimentos, cuando se refiere a los efectos y costos de la desnutrición global en Guatemala, tomando como base 2004, la desnutrición a temprana edad predispone a las personas a mayores riesgos en morbilidades, lo que se puede analizar por medio de las diferenciales de probabilidad.
De esa cuenta, los efectos de la desnutrición en las tasas de morbilidad de las distintas patologías asociadas, significan 85 mil casos extra en el año citado, destacando las enfermedades diarreicas agudas, con 41 mil casos; las infecciones respiratorias agudas, con 21 mil casos, y la anemia ferropriva, con 15 mil casos, conforme estudios longitudinales elaborados del INCAP.
A los datos anteriores se suman las patologías propias de las deficiencias nutricionales críticas en calorías y proteínas, en tanto que en lo que respecta a la mortalidad, varias son las patologías que inciden en la muerte prematura de niños desnutridos, destacando la diarrea, neumonía, malaria y sarampión.
Con base a lo anterior, se estima que entre 1940 y 2004 (un período de un poco menos de siete décadas) más de un millón de menores de cinco años de edad murieron por causas asociadas a la desnutrición, y sólo en el lapso de 200 a 2004 fallecieron casi 40 mil niñas y niños.
El documento en referencia advierte que aún cuando la falta de información representativa, no permite profundizar el análisis de la situación nutricional de la mujer embarazada, datos extraoficiales indican que este grupo también presenta serios problemas de desnutrición, reflejando así el ciclo de la desnutrición desde la vida intrauterina.
(Mi compadre Romualdo Tishudo, al aludir al columnista fascistoide que les conté, cita a Francis Bacon: No hay cosa que haga tanto daño a una nación como que la gente astuta pase por inteligente).