Afganistán pedirá cuentas a Pakistán por ataque mortí­fero


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El presidente afgano prometió hoy cuestionar al gobierno paquistaní­ sobre un devastador ataque suicida a un santuario chií­ en Kabul que dijo se originó en ese paí­s.

Por RAHIM FAIEZ y AMIR SHAH KABUL (AP)

Por lo menos 56 personas murieron en el ataque de ayer a un santuario donde cientos de personas se habí­an reunido para celebrar la festividad chií­ de Ashura. Entre los muertos habí­a un ciudadano estadounidense. Una segunda bomba estalló al paso de una procesión chií­ en una ciudad norteña aproximadamente a la misma hora, donde dejó cuatro muertos.

Un individuo que dijo pertenecer a Lashkar-e-Jhangvi al-Alami, un desprendimiento en Pakistán del grupo Lashkar-e-Jhangvi que ataca a musulmanes chií­es en Pakistán, llamó a varios medios de prensa para adjudicarse responsabilidad por el atentado de Kabul. No pudo determinarse la autenticidad del llamado.

El presidente Hamid Karzai dijo que creí­a que era auténtico, si bien no entró en detalles.

«Estamos investigando este asunto y vamos a hablar con el gobierno de Pakistán al respecto», dijo Karzai a la prensa durante una visita a un hospital donde veintenas de heridos recibí­an tratamiento. Afirmó que el ataque no era solamente un acto de odio contra los musulmanes sino contra la humanidad.

«Afganistán no puede ignorar la sangre de todas las ví­ctimas de este incidente, especialmente los niños», agregó.

El vocero militar paquistaní­, general Athar Abbas, desestimó toda sugerencia de que el violento grupo sectario tuviese ví­nculos con las agencias de inteligencia de su paí­s.

«Lashkar-e-Janghvi ha declarado la guerra a las fuerzas de seguridad de Pakistán», dijo Abbas a la Associated Press en una entrevista. Agregó que el grupo ha estado implicado en algunos de los peores ataques contra los efectivos de seguridad paquistaní­es».

«Los estamos persiguiendo», destacó.

El atentado en el santuario de Kabul fue el primer ataque sectario en Afganistán desde que se tiene memoria. Ha suscitado temores de que este paí­s, ya convulsionado por la violencia, pudiera estar por sumergirse también en un conflicto religioso.

Los chií­es representan un 20% de los 30 millones de afganos. Los suní­es de lí­nea dura consideran infieles a los chií­es.

Mientras los deudos preparaban los funerales en Kabul el miércoles, la violencia en Afganistán seguí­a cobrando ví­ctimas: una bomba en un camino en la provincia de Helmand hizo impacto en un minibús y mató a 19 personas.