Las fuerzas de seguridad afganas estaban en estado de alerta máxima para impedir que los islamistas talibanes, que hoy cometieron varios atentados, cumplan con sus amenazas de teñir de sangre las elecciones presidenciales y provinciales de mañana.

A pesar de que las autoridades intentan convencer a la población de que ir a votar no será riesgoso, las promesas de las fuerzas afganas y extranjeras de garantizar la seguridad han quedado en letra muerta ante la escalada de ataques que en los últimos días golpearon el corazón mismo de Kabul.
Ayer, un atentado suicida mató a un soldado de la OTAN y a nueve civiles afganos, dos de los cuales eran empleados de la ONU, y cohetes disparados por los talibanes alcanzaron un recinto presidencial. En todo el país, el número total de muertos por los ataques se elevó al menos a 21.
Y hoy, doce afganos, entre ellos cinco civiles, dos agentes electorales, un gobernador de distrito, un jefe tribal y tres policías murieron en distintos atentados en el sur y el este del país, según las autoridades.
En otro incidente en Kabul, las fuerzas de seguridad mataron a tres hombres armados, calificados de «talibanes» por la policía, que habían atacado por la mañana un banco en el centro de la capital.
La seguridad «es preocupante, pero para librarnos de esta situación, debemos emitir nuestro voto», dijo una empleada de una empresa internacional, de 25 años, que se presentó solamente como Masuda.
Otros, en cambio, consideran que los riesgos son demasiado elevados.
«No dejaré a mi familia ir a votar en condiciones tan malas», dijo Abdul Qadir, un vendedor de cigarrillos de 40 años en Kabul.
Aunque el portavoz presidencial, Humayun Hamidzada, dijo ayer que confiaba en que los últimos atentados no desalienten a los electores, la cancillería pidió a los medios de comunicación afganos e internacionales que no informen sobre eventuales ataques de mañana, para no asustar a la gente y para «asegurar una gran participación del pueblo afgano».
Los talibanes denunciaron las elecciones como una «patraña» organizada por Estados Unidos y amenazaron con atacar las oficinas de votación.
Las autoridades temen que esas amenazas provoquen una fuerte abstención y resten legitimidad a los comicios en los que los agfanos elegirán a su presidente por segunda vez en su historia.
Unos 17 millones de electores fueron llamados a las urnas, y 250 mil observadores (10% de ellos independientes, incluyendo a 400 internacionales) fueron movilizados para garantizar la transparencia del escrutinio.
Las elecciones son una prueba crucial para la democracia instalada por las fuerzas extranjeras que expulsaron a los talibanes del poder en 2001 luego de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
La logística misma de las elecciones es un proceso complicado, en un país donde el 70% de la población es iletrada y vive en un enredado sistema de alianzas tribales y religiosas.
Si bien el presidente saliente, Hamid Karzai, es el gran favorito, la enérgica campaña del ex canciller Abdulá Abdulá podría obligar a la organización de una segunda vuelta, que tendría lugar seis semanas después de la primera.
Los colegios electorales deberían de abrir sus puertas a las siete de la mañana (hora local), pero aún no se sabe cuántas oficinas de voto funcionarán realmente.
Responsables de seguridad dijeron que al menos ocho distritos de los 365 del país están fuera del control del Estado y que el 12% de los 7 mil centros de voto podrían permanecer cerrados.
Sin embargo, la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad (ISAF) de la OTAN aseguró ayer que menos del 1% de los centros de votación corre riesgo de ser atacado.
Todas los efectivos disponibles en el país, es decir, unos 300 mil efectivos, ha sido desplegados.
En total, 41 candidatos se inscribieron para las elecciones presidenciales. En los comicios provinciales, 3.196 candidatos, incluidas 328 mujeres, se disputarán 420 escaños en 34 provincias.
Al menos 21 personas, entre las que figuran cinco civiles, un gobernador de distrito, un jefe tribal y cuatro policías, murieron hoy en ataques y combates en el sur y el este de Afganistán, en la víspera de las elecciones presidenciales y regionales, anunciaron las autoridades.
Los cinco civiles, cuatro de ellos de una misma familia, perdieron la vida al estallar una bomba al paso de su vehículo en Sharana, en la provincia de Paktika (este), declaró el portavoz provincial, Hamidulá Zhwak.
Más al sur, en la provincia de Kandahar, el gobernador del distrito de Registan, Najeebulá Baluch, y un jefe tribal fallecieron al estallar su vehículo por una bomba casera, según el comandante de la policía para el sudoeste, general Ghulam Ali Wahdat.
Dos policías que los escoltaban sufrieron heridas, añadió.
En la misma provincia de Kandahar estalló una bomba al paso de una patrulla policial «matando a tres policías e hiriendo a uno», anunció el comandante de los agentes de tráfico, Sayed Ali Jan.
Por último en la sureña provincia de Oruzgan, diez talibanes y un policía murieron durante un ataque perpetrado anoche por rebeldes a un puesto policial del distrito de Deh Rawood, declaró el jefe de la policía provincial, general Juma Gal Himat.
Los combates comenzaron en la madrugada y se prolongaron casi hasta el alba. «Los talibanes abandonaron los cuerpos de diez de los suyos (…). Un policía murió y (hay) tres heridos», declaró Himat.
Los talibanes tienen por costumbre llevarse a sus muertos siempre que pueden durante el repliegue.
Ninguna fuente independiente ha confirmado estos balances.
La espiral de violencia no ha hecho más que aumentar en los últimos meses en Afganistán.
Todas las fuerzas de seguridad – 200 mil afganos, 100 mil soldados extranjeros – se encuentran en estado de alerta con motivo de los comicios de mañana, que los talibanes se han propuesto sabotear.