Pensar que la modernidad está a la vuelta de la esquina y que sólo con caminar hacia ella la encontraremos, es una apuesta totalmente equivocada. Con cada gobierno se hipotecan sueños, se pignoran posibilidades, se continúa en una senda irreal, se transita sin objetivo, se camina sin imaginario. Lástima. Cada gobierno, nos provee al inicio de algunos sueños, nos alienta algunas quimeras como para pensar que las cosas cambiarán. Lástima. Nada de fondo, todo de forma.
Cuando creemos que encontramos al gobernante estadista, verificamos muy rápidamente que no es así. Cuando visualizamos al mandatario que se compromete más allá de su mandato, en el corto plazo, nos estrellamos en la pared, para precisar que, desafortunadamente, no es así. Cuántas veces nos hemos equivocado, cuántas veces hemos creído, cuántas veces hemos confiado, no sé, pero sí sé que hoy han pasado 26 años e iniciado el número 27, sin encontrar la luz al final del túnel, o será como aquella broma cuando estudiaba en la UNM en Albuquerque, que me decían mis compañeros y que traduzco: “Cuando veas la luz al final del túnel camina hacia ella, pero si oyes un pitido, corre en vía contraria, porque es un tren…”
Ojalá que no sea así, pero a partir de la experiencia vivida, parece que todo es negativo. Ni los gobernantes, ni las élites económicas, ni la clase política, ni muchas organizaciones sociales se encuentran ubicadas realmente en el ámbito del qué hay qué hacer para salir adelante, nada más se contentan con mantener los privilegios unos, los otros con evitar tocar partes sensibles en el tejido empresarial, otras en verificar cómo se agencian de capitales ilícitos para enriquecerse y mantener su posición de diputado permanente y otras, no todas, en el cuestionamiento sin propuesta, en el encasillamiento panfletario, en la consigna sin fondo. Al final, desafortunadamente, todos se dedican a dañarse sin sentido, otros a confirmar que mandan desde la colonia, aquellos que no encuentran más que adaptarse a pellizcarle privilegios al sistema, pero sin horadar profundidades y enriquecerse para no desaprovechar la ocasión, los señores representantes –que no representan nada ni a nadie-, únicamente confirman su irresponsabilidad histórica y siguen sonriendo de los pendejos que creen en el sistema, para continuar robando sin miramientos, ni cuestionamientos, ni cargos de conciencia.
En la actualidad asistimos a un momento que nos deparó mínimas posibilidades, escasas ciertamente, pero pensamos que un gobernante, al menos uno, nacido en la democracia podría ir más allá de su mandato, para delinear líneas que apuntaran a un futuro mejor, pero en poco tiempo, se ve que el peso de la presión de las élites, el acoso del ilícito, los cantos de sirena de sus adláteres más cercanos y su compromiso equivocado con los grupos de presión, le demuestran que no basta con portarse buena onda y entregar los ministerios clave como Ambiente, Energía, Economía, el Pronacom y la SAT a las élites, ni que es suficiente bajar la tasa marginal más elevada del ISR del 31% al 25%, para quedar bien con ellos, “nel maestro”, para nada, cualquier cosa no es suficiente, si la sumisión no es evidente y concreta.
La primera premisa es nada de impuestos, pero nada. Colom cumplió con ellos y a cambió nos endeudó irresponsablemente para salir bien, no fue suficiente, es necesario entregar más y más, es necesario reconfirmar que no se pretende ser adverso, sino complaciente. Pero igual, ¿será suficiente? Hoy, las noticias refieren que el presidente de las élites no dialogará más con el Ministro de Finanzas, porque se niega a cumplir con acuerdos con la segunda de la nación. Complacencia sin marcar alguna objeción o diferencia, ojalá no sea así, no se puede, no se vale, es necesario mostrar algo de dignidad, una seña de diferencia, una muestra mínima de decoro. De otra forma, hipotecar el resto del gobierno, abandonar la mínima posibilidad de hacer algo por el país, significa dolorosamente y nuevamente, decir adiós al futuro.