Acuérdense de los «Tomates» y los «Gusanos»


De improviso en el Palacio Nacional de la Cultura los empresarios del transporte urbano anunciaron, con la presencia del presidente Colom y del alcalde Arzú, un nuevo sistema de transporte colectivo urbano con 3 mil 150 buses, que incluye 150 articulados que estarán al servicio del Transmetro que coordina la Municipalidad Capitalina, financiados por el Banco de Desarrollo Económico y Social del Brasil. Lo primero que se me vino a la mente fue: ¿habrán tenido en cuenta la pésima experiencia adquirida cuando Berger hizo algo por el estilo comprando para los transportistas aquellos «Tomates» y «Gusanos» para seguir dando un pésimo servicio a la población y que a la postre ésta, todaví­a esté pagando su costo más intereses?

Francisco Cáceres Barrios

Aunque es aventurado darles el beneficio de la duda, se los doy para que el sistema de cobro «prepago» pueda ser más funcional para los usuarios, como contribuir a disminuir los actos delictivos que se cometen a diario en los autobuses, pero no puedo hacer lo mismo para el resto del plan. ¿Quién va a pagar los US $450 millones?, ¿podremos tener la certeza de que los empresarios van a cumplir su firma y palabra, que no van a volver a hacer lo mismo devolviendo los buses más adelante a los proveedores aduciendo cuantas excusas o pretextos se les antojen? Estoy seguro que los vehí­culos van a sustituir temporalmente a una inmensa cantidad de chatarra, pero ¿por cuánto tiempo?, ¿les van a dar el debido mantenimiento, como que los choferes los vayan a manejar debidamente para que tengan una larga y segura vida?

Adicionalmente, se anunció que el gobierno financiarí­a por 35 millones de dólares la adquisición e implementación del sistema de cobro prepago en coordinación con la Municipalidad capitalina, pero aún está pendiente anunciar a los usuarios si el precio seguirá igual o ¿costará Q.2, inalterables, evitando que los choferes lo suban cada vez que se les antoje? Por otro lado, hay que preguntar con suficiente anticipación: ¿los empresarios y sus choferes van a ser debidamente capacitados; respetarán las rutas establecidas o las van a rediseñar; circularán solo por un carril o seguirán invadiendo todo el ancho de las ví­as; se acabarán los abusivos «brochas»; habrán paradas claramente delimitadas y se terminará la suciedad, la música altisonante y las groserí­as expresadas contra los usuarios de la tercera edad? Digo lo anterior, porque de promesas la gente está cansada, como para seguir soportando uno de los peores servicios de transporte urbano en el mundo.

Si en verdad tuviéramos un servicio de transporte colectivo «decente», se doblarí­a o triplicarí­a el número de usuarios, porque hasta entonces no tendrí­amos forzosamente que usar y padecer el transporte individual, el constante congestionamiento del tránsito, el desmesurado uso de combustibles, la contaminación ambiental y sobre todo, la inseguridad imperante en todo sentido. Ojalá entonces que por fin hagan las cosas bien. ¡Basta ya de tantos chapuces!