Acto de contrición


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Yo pecador confieso, pecadora, perdón por esta incorrección política al expresarme, confieso que he pecado mucho, muchísimo.
De pensamiento. Diariamente, cuando por plena voluntad sintonizo una estación en donde “libres pensadores” manifiestan su desprecio por quienes a diferencia de ellos carecen de títulos universitarios, propiedades, caché y un pensamiento similar, y con sorna y argumentos deshumanos no sólo los analizan cual especialistas en el comportamiento humano, de las masas dirían ellos, y tratan de entender su ignorancia, su hedor y su resentimiento.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@gmail.com


Entonces peco, porque pienso en el profundo desprecio que me merecen quienes teniendo la oportunidad de llegar a las personas, usan el tiempo y el espacio para generar división, odio y racismo, y busco mentalmente adjetivos calificadores que me permitan expulsar la rabia que me provoca esa actitud masoquista que tengo de escucharlos.

De palabra. Cada mañana, mientras me enfrento al tráfico y escucho en la radio un informe equivocado sobre el congestionamiento vehicular. Cuando alguna camioneta se aproxima a mi auto y me hace casi salirme del carril para evitar ser chocada. Cuando soy detenida por un puesto de registro y mientras revisan mis documentos en orden, veo pasar buses con gente colgando, furgones circulando a deshoras y motociclistas sin chaleco o sin casco. O peor aún carros con placas militares o diplomáticas excederse en velocidad, contaminar auditivamente el ambiente con sus bocinazos o imponerse en los carriles con prepotencia. Cuántos improperios salen de mi boca, aunque sea bajito.

De obra. Por pagar puntualmente mis impuestos sabiendo conscientemente que serán robados y que formarán en mínima parte por supuesto, la fortuna de quienes nos gobiernan con abusos y mentiras, dinero que disfrutarán mientras todo en Guatemala sigue igual, es decir, mal. Por comer brócoli, vegetal que enriquece a algunos y que muchas veces es cultivado con el sacrificio y a costa de la salud de un niño. Por ir a las urnas cada cuatro años a perder mi tiempo y marcar boletas que encuadran el rostro de sinvergüenzas y corruptos.

De omisión, por no colaborar con el McDía Feliz el pasado 9 de octubre y por lo tanto no poner mi foto en Facebook para demostrar que también soy sensible a las penas ajenas. Por no tomar la iniciativa y juntar personas que manifiesten contra la impunidad que reine en este país, en donde los hijos de los magistrados prostituyen menores de edad, los mandatarios engordan como platillo navideño, mientras la población se desnutre y las niñas juegan con bebés de verdad porque el Estado es ineficiente.