Acostumbrados por años a brindar y no tanto a recibir asistencia ante desastres naturales, los cubanos observan con cierta sorpresa el arribo casi a diario de donaciones destinadas a restaurar los daños causados por los huracanes Gustav e Ike, estimados en 5 mil millones de dólares.
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Así inicia un despacho de la agencia IPS que circula en Internet, señalando que 23 países han hecho llegar sus donativos, menos Guatemala, como lo indiqué en mi artículo del pasado jueves, a cuya publicación en la página Web de La Hora se sumaron anotaciones de varios lectores, como el caso de Beni Carlos Dionisio, quien me dice: «Jamás sus ojos ni sus oídos sabrán nada de este tipo de ayuda, porque los cubanos no votarán en las elecciones de Guatemala en 2011, que es el principal objetivo de la dispareja presidencial».
Por su parte, Teresa Alvarado señala que en Honduras, universitarios, campesinos, familiares que tienen jóvenes estudiando en Cuba y el gobierno del presidente José Manuel Zelaya recolectan ropa, víveres y medicamentos para enviarlos a Cuba; mientras que ítalo Morales escribe que «somos como los traganíqueles: todo para adentro. Sabemos pedir, pero no sabemos dar. ¡Qué triste»; y Rolando Ramírez anota simplemente «Yo también me solidarizo con los cubanos».
Decía yo en mi artículo del 18 que es comprensible que el gobierno de Guatemala no brindara ayuda en grandes dimensiones al pueblo de Cuba, pero que, como mínimo gesto de gratitud y reciprocidad, el presidente ílvaro Colom pudo haber enviado una delegación simbólica, tomando en consideración la forma cómo los cubanos acudieron en ayuda inmediata cuando el huracán Mitch y la tormenta tropical Stan asolaron regiones del territorio guatemalteco y se institucionalizó la asistencia en salud con las brigadas de jóvenes médicos.
El canciller cubano Felipe Pérez Roque calificó de «admirable» la respuesta de la comunidad internacional ante la tragedia sufrida por ese país del Caribe, haciendo hincapié que el mayor mérito «no está en su valor financiero sino en la posición y actitud que encarnan», al referirse al apoyo solidario de los países que con anterioridad recibieron apoyo humanitario de Cuba.
Probablemente el Ministro cubano de Relaciones Exteriores se refería, por ejemplo, al caso de los gobiernos de Honduras y Colombia, que afrontando sus propias necesidades internas, sacrificaron algo de lo suyo para enviar pequeños pero significativos aportes, al contrario del insensible e impávido régimen social demócrata (¡!) de Guatemala.
Pero si el gobierno de Colom es incapaz de demostrar un poco de agradecimiento, organizaciones sociales y estudiantiles deben redoblar sus esfuerzos para recaudar ropa y granos básicos, con el fin de enviarlos a los cubanos víctimas de los devastadores huracanes.