La antorcha olímpica tuvo hoy una acogida entusiasta en Pekín, donde crecía la emoción ante el arranque inminente de los Juegos Olímpicos, pero una protesta a favor del Tíbet y un enredo diplomático con Estados Unidos vinculado a Darfur acabaron nublando el jolgorio.

Para el regreso de la llama a Pekín, tras un accidentado periplo mundial que será recordado por las protestas que la acompañaron en ciudades como París y Londres, las autoridades previeron hasta el último detalle.
Además del imponente dispositivo de seguridad policial, se invitaron convenientemente a personalidades nacionales muy queridas por los chinos, como el primer astronauta Yang Liwei y el jugador de baloncesto Yao Ming.
Fue en la plaza de Tiananmen, frente al mausoleo de Mao, donde debutó la trayectoria minuciosamente orquestada de la antorcha, aclamada por grupos debidamente autorizados y organizados en filas.
Varias personalidades en ropa deportiva y con una sonrisa de oreja a oreja se relevaron para transportar la llama, bajo un cielo gris y contaminado.
Las etapas coreografiadas y televisadas en directo se sucedieron sin incidentes, animadas por decenas de miles de espectadores que coreaban «Â¡Viva China, viva los Juegos Olímpicos!», ondeando a la vez banderas rojas chinas.
La llama ya había hecho escala en Pekín a fines de marzo, antes de iniciar una vuelta al mundo de 137 mil km marcada por las manifestaciones hostiles al régimen chino por su represión en Tíbet y su actitud frente a los derechos humanos.
Fueron justamente militantes protibetanos quienes lograron burlar la seguridad omnipresente en el estadio nacional conocido como «Nido de pájaro», en la primera acción reivindicativa registrada en Pekín antes de la apertura el viernes de los Juegos.
Dos británicos y dos estadounidenses lograron colocar, en lo alto de una farola, una gran banderola en la que se leía, en inglés, «Un mundo, un sueño: Tíbet libre».
Fueron detenidos al cabo de doce minutos por la policía, según la agencia oficial China Nueva.
Pero según el grupo Estudiantes por un Tíbet Libre, los militantes -tres hombres y una mujer de 23 a 24 años- lograron permanecer cerca de una hora y media al lado del «Nido de pájaro», desplegando banderas tibetanas y dos inmensos mensajes en inglés y en chino.
«Es un momento crítico para Tíbet», denunció Iain Thom, originario de Escocia, en un mensaje grabado previamente por esta ONG mientras él se encontraba en lo alto de una columna, de unos 40 metros de alto.
«Hemos llevado a cabo esta acción para subrayar la utilización de estos Juegos por las autoridades chinas como un instrumento de propaganda. Así, camuflan su balance sobre los derechos humanos», juzgó este joven.
Pero esta simbólica acción no fue el único quebradero de cabeza del día para las autoridades chinas.
Estados Unidos protestó contra la decisión de Pekín de revocar el visado al ex campeón estadounidense Joey Cheek, medalla de oro en los Juegos de invierno de Turín-2006 en patinaje de velocidad y militante de la causa de Darfur.
«Estamos tomando el asunto muy en serio. Hemos dado instrucciones a nuestra embajada en Pekín para que haga trámites ante los chinos. Lo que vamos a decirles es que estamos preocupados por ello y que queremos que reconsideren sus acciones. Espero que cambien de idea», declaró la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Cheek, hoy retirado, tenía pensado viajar a la capital china para apoyar a más de 70 deportistas en competición que se comprometieron a llamar la atención, durante los Juegos (8 al 24 de agosto), sobre la situación en la región sudanesa de Darfur.
Como colofón, la Casa Blanca difundió un discurso que el presidente George W. Bush pronunciará mañana en Bangkok en el que se muestra «firmemente opuesto» a la detención de disidentes en China.
Pese a sus reproches, Bush acudirá el viernes a la ceremonia de apertura de los Juegos.