Enfurecido el volcán de Pacaya, vomitó arena en cantidad descomunal, sobre la ciudad de Guatemala y otras áreas del suelo patrio. Pánico y dificultades a granel hubo de lamentar la población en una secuencia devastadora. Empero, al instante de unificación, lejos de doblegarse ante el infortunio, sale dentro de las cenizas, similar al ave Fénix.
Referente que excede bastante anteriores erupciones, como la ocurrida hace más de una década. En ese entonces cayó en menor cuantía y por consiguiente sus consecuencias tampoco constituyeron algo tremendo y desconcertante. En pocos días los habitantes hicieron su parte y la Municipalidad citadina en menos que canta un gallo limpió y recuperó el ornato.
Los hechos son diferentes cada vez, criterios, puntos de vista y actitudes difieren en demasía. Por lo tanto, trabajo de hormiga significa el vivo interés del vecindario, distante de medir colores y tamaños. Unidos y animados visiblemente dan solución al asunto en vías de solución definitiva. En pocas palabras hacen su parte de inmediato con empeño.
Si en otras circunstancias no tan lejanas los moradores del mayor centro habitacional recibieron calificativos en picada, a título de indiferentes, atenidos; que otros saquen la cara y se fajen, ahora lucieron rostro positivo, complacidos y satisfechos del deber cumplido de verdad.
Preocupados por la seguridad de las viviendas, asimismo a librarlas del peso enorme y restantes incomodidades que provoca la arena hasta decir ya no, mujeres, hombres, adultos y niños en un solo frente le entraron de lleno a la limpieza en mención. De inmediato la introdujeron en bolsas, costales, etcétera y cuanto tuvieron a mano y la colocaron en las aceras.
Es obvio que esta labor merecedora de un chócale a voz en cuello, imposible les lleva una cuestión de minutos. Representa, al menos, dos que tres semanas de sudar la gota amarga, bajo el lema de que sí saben y pueden reaccionar ante los llamamientos cajoneros planteados por las autoridades de orden municipal como gubernamental, distantes de arrugar el ceño.
Sin embargo, los peros están a la orden del día. Casos de irresponsabilidad nunca quedan ocultos, al contrario ocupan primera plana. Cabe sostener que en río revuelto, ganancia de pescadores. Hay denuncias que los infaltables aprovechando la confusión, sacaron a la calle entre los sacos de arena volcánica del Pacaya, hasta colchones viejos y más…
Un simple vistazo al panorama nos ofrece la perspectiva por demás deslucida, consistente en que el trabajo del vecindario está a punto de perderse. Tanto tiempo de estar a la espera y aguarda que cuadrillas del municipio y gobierno central las recojan, se rompen y la fatídica arena vuelve a las andadas, rumbo al alcantarillado ¡Qué lástima!
En la tardanza está el peligro suelen acotar los docentes en el curso de filosofía elemental, empero cala hondo en mente e interioridades. De modo y manera que falta el deber de rigor, el compromiso del poderoso alcalde ílvaro Arzú y sus subalternos, decididos a veces sí, a veces no, a darle imagen impresionante a la capital, a base de cosméticos.
El principal del Palacio de la Loba, en los medios de comunicación social, preferentemente en los televisivos, dice a menudo que el siguiente lunes la capital volverá por sus fueros. En el sentido que calles, avenidas y barriadas proletarias estarán sin un grano de arena. Acaso la época lluviosa a cántaros por cierto, hace contrapeso.
Como quiera que sea, el caso merece prioridad uno, antes que el sistema de colectores agigante el problema y colapse. Insistimos, el vecindario en modo alguno se cruzó de brazos esta ocasión, al igual que anteriores de índole extraordinaria, mismas que asolan e intentan dejarnos en las cuatro esquinas. Unidos, una y otra vez, saldremos adelante.