Accidentes causan 98 muertos al dí­a en Brasil


Accidente. Imagen de un monumental accidente ocurrido en Santa Catarina, ciudad del sureste de Brasil. Este paí­s sudamericano ha vivido un gran incremento en los accidentes de vehí­culos en las últimas horas. (AFP / La Hora)

La semana que termina registró uno de los peores accidentes carreteros de los últimos años en Brasil, que dejó 27 muertos y más de 90 heridos, en un paí­s que produce 98 ví­ctimas mortales por dí­a y cientos de heridos a causa de los percances viales. Además del elevado número de ví­ctimas, llamó la atención sobre el desastre ocurrido el martes en el estado meridional de Santa Catarina el hecho de que la gran mayorí­a de los muertos y la mitad de los heridos fue provocada por un segundo accidente.


Mientras policí­as, bomberos y público socorrí­an a las ví­ctimas de un choque entre un camión y un ómnibus, en el que siete personas murieron y 44 quedaron heridas, otro camión, a más de cien kilómetros por hora, los atropelló, matando a 20 y dejando a otros 48 heridos.

Antes de que pasara una semana de ese doble accidente, las estadí­sticas muestran que muchos no quedaron impresionados con él ni lo tomaron como ejemplo para moderar su comportamiento al volante de un vehí­culo.

Solamente en el estado de Minas Gerais, campeón nacional en accidentes, el fin de semana prolongado que todaví­a no termina ya habí­a registrado, hasta esta mañana del domingo, 181 accidentes con 162 heridos y 16 muertos.

El tránsito de vehí­culos automotores en calles y carreteras brasileñas se ha convertido en un verdadero campo de batalla en la larga guerra trabada entre los seres humanos que manejan autos y el resto de la humanidad. Un 40 por ciento de los muertos ocurren las carreteras y 58 por ciento en las ciudades.

El escalofriante total de 35.753 ví­ctimas fatales por año, un tercio de los muertos civiles en la guerra de Irak, no parece afectar demasiado a los brasileños, que parecen estar seguros de que los accidentes son algo que ocurre con los demás, no con uno.

Las causas de esa mortalidad superior a la de cualquier epidemia actual son múltiples: irresponsabilidad de los conductores, uso de alcohol antes de conducir, pésimo sistema de señalización, falta de rigor en la fiscalización y carreteras en estado deplorable.

Cualquiera de esos factores, aislado, merecerí­a una enérgica campaña por parte de las autoridades, tanto educativa como represiva. Y deberí­a provocar en la población una dura reacción contra el abandono del sistema vial.

Pero el hecho de que las responsabilidades sean múltiples y muy divididas ayuda a que las cosas sigan como están, y estimula una especie de fatalismo del tipo «las cosas son así­ y no hay nada que hacerle.»

Brasil cuenta con una flota de 48,5 millones de vehí­culos y la industria automovilí­stica pone en la calle, todos los años, otros dos millones. Ahora se propone invertir algunos miles de millones de dólares para doblar su capacidad productiva, en tres años.

Mientras el número de automóviles y camiones crece sin cesar, ciudades como Rí­o de Janeiro no invierten lo necesario en una red razonable de ví­as expresas, autopistas, puentes o túneles que hagan más seguro el tránsito.

La última obra de cierta envergadura en la ciudad, la «Ví­a Amarilla» que une la Isla del Gobernador con la Barra da Tijuca, fue construida hace diez años y ya está con su capacidad saturada. La «Ví­a Roja», con 15 años, está frecuentemente embotellada.

Rí­o no es una excepción. Por todo el paí­s se encuentran, junto a puentes construidos donde no hay carreteras, autopistas en que los muros laterales de los puentes han sido destruidos por los frecuentes accidentes en el mismo lugar.

Las organizaciones patronales de empresas de carga han hecho llegar a sucesivos gobiernos una multiplicidad de estudios en los que muestran que más del 60 por ciento de las carreteras nacionales están en mal o pésimo estado.

Pero excepto operaciones de «maquillaje» de carreteras, como la realizada el año pasado (que era un año de elección presidencial), nada se hace. Aunque Brasil cuente con nada menos que 520 órganos públicos, federales y provinciales, destinados a cuidar del tránsito.