Abrupto despertar


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Despierto luego de un viaje a una ciudad en donde una novicia rebelde cantó Edelweiss y en donde un niño se consagró como maestro. Los lagos, los festivales, el Festung. El tiempo parece detenerse como esa mosca que viaja gratis en el mismo tren que me lleva de nuevo a la rutina, las responsabilidades y esa persistente lectura de los diarios guatemaltecos.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


Todo se transforma, la Sonata 16 de Mozart se esfuma de mi mente mientras mis ojos se pasean por los titulares. Niños desaparecidos, estudiantes asesinados en la zona  18, una maestra detenida por defender a sus alumnas, pruebas que incriminan en delitos a diputados, sequía daña cultivos, nuevos casos de acoso escolar, mineras que empiezan a darle muerte al lago de Atitlán. Nada nuevo, nada bueno. La realidad es esa y los sueños se rompen.

Y lo digo así, desde la tranquilidad de una ciudad sin violencia, escribiendo en el parque sin miedo a que me asalten. Sin temor a que se lleven a mi hija del arenero en el que juega, sin pena alguna porque llegue la noche y alguien ronde mi apartamento y me despoje de mis cosas.

Mientras comparo, cosa que no vale, no dejo de pensar en mi familia, en mis amigos, en todos esos niños que deben permanecer encerrados en su casa no sin miedo de que una bala atraviese la lámina o el vidrio. En los que viven y mueren de desnutrición mientras son objeto de campañas, discursos y promesas vacías que no van a cambiar su situación. En ese lago que ha nutrido mi vista y mis letras amenazado por la ambición, la imprudencia y la ignorancia.

La realidad arremete, me hace sentir culpable por estar momentáneamente lejos, me borra la sonrisa de esos paseos de ensueño, perturban la paz que los juegos de mi hija me provocan.

Despierto luego de un corto viaje y me lleno de dolor. ¿Qué hacer?, ¿cómo cambiar lo que acontece? ¿por dónde empezar?